Si bien este espacio podría dar mucho que hablar en cualquier instituto, hoy me limitaré a ofreceros una recomendación literaria: La sala de profesores, de Markus Orths, publicado en español por Seix Barral.
Aunque en el libro aparecen algunas situaciones surrealistas y exageradas, muchas sí se parecen a nuestro día a día. Fue el primer libro del que disfruté al regresar de Menorca, y ojalá lo hubiera leído antes: seguramente hubiera vivido ciertas situaciones de manera diferente. No os cuento más y os dejo aquí una reseña.
En mi opinión, La sala de profesores sirve de terapia para cualquier profesor frustrado en algún momento de su carrera, pues logrará esbozar una sonrisa sarcástica y socarrona a cualquier docente que se sienta identificado con alguno de los pasajes de la obra, desde los más extremos a los más cotidianos. 100% recomendable.
domingo, 29 de enero de 2017
La sala de profesores
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sábado, 28 de enero de 2017
Cinco años de blog interino
Este mes de enero mi blog cumple cinco años. Parece que era ayer cuando estaba en el IES Cap de Llevant y disfrutaba de uno de los momentos más dulces de mi vida, tanto profesional como personalmente. Parece que era ayer, como digo, que empezaba mi andadura con las nuevas tecnologías de la mano de muchos cursos de formación y, sobre todo, de la paciencia de muchos compañeros altruistas.
En su día el blog me sirvió como válvula de escape, como ventana al mundo, como altavoz a mis frustraciones e ideas. Poco a poco lo fui dejando, por rutina o por cansancio, no lo sé. Ahora sí sé que a veces no he publicado por el miedo a la sala de profesores, a esas miradas inquisitorias contra quienes dicen verdades incómodas, a esos ojos que fulminan a aquel que se atreve a pensar (diferente) y a decirlo, a esas personas a las que les molesta que los demás pensemos y sintamos, así, a secas. ¿Pero sabéis qué? ME DA IGUAL.
Ha sido hoy cuando, hablando con un compañero que estuvo conmigo en algunos de mis momentos más duros, me he dado cuenta de que no merece la pena dejar de hacer lo que a uno le gusta, lo que a uno le llena, sólo por el qué dirán. Eso sí, también soy consciente de que cuando uno se pone en la picota también es susceptible de recibir críticas y opiniones diferentes. La clave está en respetar todas las posiciones (TODAS, la mía también, guapis), pues el mundo cambia mucho según la óptica con que lo miremos.
Así que, con todo mi mundo desmoronándose, un trabajo medio anodino en el que intento centrarme en mis chiquimonsters (qué seríamos sin ellos) y unas oposiciones a la vista, creo que voy a adoptar la actitud suicida de retomar el blog y que éste sea la ventana mordaz al mundo de los docentes. Le pese a quien le pese. O mejor dicho: para que le pese a quien le tenga que pesar.
Que no nos quiten la ilusión.
¡Gracias por haberme acompañado en estos cinco años!
En su día el blog me sirvió como válvula de escape, como ventana al mundo, como altavoz a mis frustraciones e ideas. Poco a poco lo fui dejando, por rutina o por cansancio, no lo sé. Ahora sí sé que a veces no he publicado por el miedo a la sala de profesores, a esas miradas inquisitorias contra quienes dicen verdades incómodas, a esos ojos que fulminan a aquel que se atreve a pensar (diferente) y a decirlo, a esas personas a las que les molesta que los demás pensemos y sintamos, así, a secas. ¿Pero sabéis qué? ME DA IGUAL.
Ha sido hoy cuando, hablando con un compañero que estuvo conmigo en algunos de mis momentos más duros, me he dado cuenta de que no merece la pena dejar de hacer lo que a uno le gusta, lo que a uno le llena, sólo por el qué dirán. Eso sí, también soy consciente de que cuando uno se pone en la picota también es susceptible de recibir críticas y opiniones diferentes. La clave está en respetar todas las posiciones (TODAS, la mía también, guapis), pues el mundo cambia mucho según la óptica con que lo miremos.
Así que, con todo mi mundo desmoronándose, un trabajo medio anodino en el que intento centrarme en mis chiquimonsters (qué seríamos sin ellos) y unas oposiciones a la vista, creo que voy a adoptar la actitud suicida de retomar el blog y que éste sea la ventana mordaz al mundo de los docentes. Le pese a quien le pese. O mejor dicho: para que le pese a quien le tenga que pesar.
Que no nos quiten la ilusión.
¡Gracias por haberme acompañado en estos cinco años!
martes, 8 de noviembre de 2016
El estuche de emergencia
Este año me he dado cuenta no sólo de algo de lo que vengo apercibiéndome desde hace ya un tiempo, como son aquellos alumnos con necesidades económicas severas, sino también de que tenemos un grupo significativo de alumnos que no son lo suficientemente maduros y autónomos como para autogestionarse cosas tan básicas como sus necesidades fisiológicas, cuanto menos para organizarse su material y su trabajo. Antes de que me apedreéis, os diré que hablo de chavales de 11 o 12 años como mínimo, edades en las que creo que esto ya tendría que estar más que superado.
Así pues, cansada de prestarles mi material, he decidido crear un "estuche de emergencia" del que poder tirar sin tener que quedarme yo sin lápiz, bolis o goma. Ya sabéis que el material escolar tiene tendencia a desaparecer y/o volatilizarse...
¿Qué os parece la idea? ¿Cómo lo solucionaríais vosotros para que la falta de material interfiriera lo mínimo posible en vuestra asignatura?
Así pues, cansada de prestarles mi material, he decidido crear un "estuche de emergencia" del que poder tirar sin tener que quedarme yo sin lápiz, bolis o goma. Ya sabéis que el material escolar tiene tendencia a desaparecer y/o volatilizarse...
¿Qué os parece la idea? ¿Cómo lo solucionaríais vosotros para que la falta de material interfiriera lo mínimo posible en vuestra asignatura?
miércoles, 5 de octubre de 2016
Día mundial del docente
En el día mundial del docente os dejo dos cosas: un tuit y un vídeo.
*Activad subtítulos
Tu profesor es el mejor aliado de tu aprendizaje. Dentro y fuera del aula tu #RESPETO es el mejor GRACIAS. #DiaMundialdelosDocentes pic.twitter.com/VpOz0pmfbu
— Policía Nacional (@policia) 5 de octubre de 2016
*Activad subtítulos
martes, 4 de octubre de 2016
Septiembre fue un mes de mierda.
Lo dicho. A ver si octubre se nos hace más llevadero.
Aunque no os he deleitado con mis anécdotas de principio de curso, este año también promete situaciones jugosas.
Y van hoy y dicen los políticos que paralizan la Lomce.
Mátame camión.
Aunque no os he deleitado con mis anécdotas de principio de curso, este año también promete situaciones jugosas.
Y van hoy y dicen los políticos que paralizan la Lomce.
Mátame camión.
domingo, 21 de agosto de 2016
De sobornos y de sistemas educativos.
¡Qué difícil es reflotar un blog cuando se lleva tanto tiempo sin publicar nada en él! La verdad es que no será que no tenga cosas que decir. Los que me conocéis sabéis que soy muy parlanchina. :D Lo que sucede es que a veces cuesta poner orden a todas las ideas que le vuelan a una por la cabeza, pero me he propuesto ir liberándolas aquí poco a poco. A veces compartir una experiencia no sólo enriquece a quien la escucha, sino también a quien la cuenta, pues la comprensión de nuestros semejantes es a veces lo único que necesitamos.
Hoy os voy a contar una de las historias de Rosa. Rosa fue alumna mía el curso pasado en Santanyí. Un bombón de alumna: estudiosa, respetuosa, obediente, crítica, con espíritu emprendedor, capaz de razonar y de sacar sus propias conclusiones, trabajadora... La verdad es que todos los alumnos en ese grupo compartían en mayor o menor medida sus características (lo que hacía de ellos un tipo de grupo que probablemente no vaya a encontrarme en mucho, mucho tiempo), pero había un conjunto de niñas que eran TOP. De esos alumnos que marcan, pero para bien. De los que te hacen disfrutar día a día de tu profesión y que hacen que ir a tu clase merezca la pena minuto a minuto. De los que te emocionan con su compromiso. De ese tipo de alumnos y alumnas hablo. De ese que no abunda, pero sí que existe, y que también necesita nuestro cariño, pues a veces se sienten un poco abandonaditos, porque como son responsables, pues ya se sabe...
Pues bien, cierto día Rosa y sus compañeras estaban harto enfadadas con una de sus profesoras pues, tras haber tenido un detalle con ella (como podéis imaginar, se trata del tipo de alumnas que siempre tienen detalles con sus profesores, en este caso, un cachito de tarta), las acusó de hacerle la pelota para tener más nota. Si bien el comentario de mi compañera no fue para nada fuera de tono, y seguramente estuvo hecho en plan de broma con el mayor de los cariños, estas chicas se lo tomaron bastante a mal, pues ellas creyeron que la profesora sí estaba entendiendo ese gesto como un soborno en toda regla. Os juro que les dolió en el alma, si hubierais visto sus ojitos, me creeríais.
Como estaban muy alteradas y muy dolidas, me tocó hacer lo que tenemos que hacer todos en algún momento en vez de dar clase: pararnos, escuchar, explicar, hacer razonar, hablar, explicar... En definitiva: relajar el ambiente. Cuál es mi sorpresa cuando, en una de sus intervenciones, Rosa, con todo su aplomo y entereza, la espalda y la cabeza erguidas, afirma con seriedad: "Profe, yo no necesito sobornar a nadie para sacar un diez, me basta con mi trabajo y con lo que estudio. No es que quiera sonar sobrada, pero es que es verdad: si trabajas y estudias, mejores o peores, ahí están los resultados".
TOMA YA. En ese momento esta adolescente era la viva imagen de la palabra dignidad.
¿Cómo os quedáis? En ese momento yo no sabía si ir a abrazarla y llenarla de besos o ponerme a aplaudir (cosa que casi hicieron sus compañeros), pero la verdad es que me dejó descolocada.Ver a una chica de 13 años con las ideas tan claras, con tanto compromiso y con tanto aplomo no es sólo poco usual, por desgracia, sino que por otra parte también es una luz de esperanza en nuestro sistema educativo.
¿Qué queréis que os diga? Ni somos Finlandia ni lo seremos nunca, no sólo por los cafres de nuestros políticos que nos cambian el sistema educativo y a quienes hay que echar de comer a parte, sino también porque somos una cultura diferente, la mediterránea, con más horas de luz, con alumnos que pasan antes la adolescencia (regla a los 11 años vs. regla a los 14 o 15, de media, en los países nórdicos). Sí que es verdad que se debería de invertir el triple en educación de lo que se invierte ahora y que la caverna política y demás gurús que no han pisado una aula en su vida deberían dejar trabajar a los docentes sin fastidiarnos más el panorama, pero como dijo Laporta: ¡Al loro, que no estamos tan mal!
Tan mal no lo hacemos aquí cuando hay científicos españoles por medio mundo, y tan bien no lo harán en Finlandia cuando su tasa de suicidios es de las más elevadas del mundo, aunque de esto ya hablaremos otro día, pero ni aquí todo es un desastre, ni allí todo es oro. Tenemos una materia prima fabulosa, no dejemos que se eche a perder. Está en nuestras manos, las de los profes, no las de los políticos, hacer de nuestros alumnos los adultos responsables del mañana. Valoremos e incentivemos más a alumnos como Rosa, busquémosles actividades que les estimulen y que, a su vez, también motiven al resto de sus compañeros para mejorar. Os aseguro que se puede hacer y que no es tan difícil, y que incluso se puede hacer con métodos tradicionales. Creedme. Se trata de no perderlos. Se trata de no perder a ninguno por el camino. A ninguno.
Hoy os voy a contar una de las historias de Rosa. Rosa fue alumna mía el curso pasado en Santanyí. Un bombón de alumna: estudiosa, respetuosa, obediente, crítica, con espíritu emprendedor, capaz de razonar y de sacar sus propias conclusiones, trabajadora... La verdad es que todos los alumnos en ese grupo compartían en mayor o menor medida sus características (lo que hacía de ellos un tipo de grupo que probablemente no vaya a encontrarme en mucho, mucho tiempo), pero había un conjunto de niñas que eran TOP. De esos alumnos que marcan, pero para bien. De los que te hacen disfrutar día a día de tu profesión y que hacen que ir a tu clase merezca la pena minuto a minuto. De los que te emocionan con su compromiso. De ese tipo de alumnos y alumnas hablo. De ese que no abunda, pero sí que existe, y que también necesita nuestro cariño, pues a veces se sienten un poco abandonaditos, porque como son responsables, pues ya se sabe...
Pues bien, cierto día Rosa y sus compañeras estaban harto enfadadas con una de sus profesoras pues, tras haber tenido un detalle con ella (como podéis imaginar, se trata del tipo de alumnas que siempre tienen detalles con sus profesores, en este caso, un cachito de tarta), las acusó de hacerle la pelota para tener más nota. Si bien el comentario de mi compañera no fue para nada fuera de tono, y seguramente estuvo hecho en plan de broma con el mayor de los cariños, estas chicas se lo tomaron bastante a mal, pues ellas creyeron que la profesora sí estaba entendiendo ese gesto como un soborno en toda regla. Os juro que les dolió en el alma, si hubierais visto sus ojitos, me creeríais.
Como estaban muy alteradas y muy dolidas, me tocó hacer lo que tenemos que hacer todos en algún momento en vez de dar clase: pararnos, escuchar, explicar, hacer razonar, hablar, explicar... En definitiva: relajar el ambiente. Cuál es mi sorpresa cuando, en una de sus intervenciones, Rosa, con todo su aplomo y entereza, la espalda y la cabeza erguidas, afirma con seriedad: "Profe, yo no necesito sobornar a nadie para sacar un diez, me basta con mi trabajo y con lo que estudio. No es que quiera sonar sobrada, pero es que es verdad: si trabajas y estudias, mejores o peores, ahí están los resultados".
TOMA YA. En ese momento esta adolescente era la viva imagen de la palabra dignidad.
¿Cómo os quedáis? En ese momento yo no sabía si ir a abrazarla y llenarla de besos o ponerme a aplaudir (cosa que casi hicieron sus compañeros), pero la verdad es que me dejó descolocada.Ver a una chica de 13 años con las ideas tan claras, con tanto compromiso y con tanto aplomo no es sólo poco usual, por desgracia, sino que por otra parte también es una luz de esperanza en nuestro sistema educativo.
¿Qué queréis que os diga? Ni somos Finlandia ni lo seremos nunca, no sólo por los cafres de nuestros políticos que nos cambian el sistema educativo y a quienes hay que echar de comer a parte, sino también porque somos una cultura diferente, la mediterránea, con más horas de luz, con alumnos que pasan antes la adolescencia (regla a los 11 años vs. regla a los 14 o 15, de media, en los países nórdicos). Sí que es verdad que se debería de invertir el triple en educación de lo que se invierte ahora y que la caverna política y demás gurús que no han pisado una aula en su vida deberían dejar trabajar a los docentes sin fastidiarnos más el panorama, pero como dijo Laporta: ¡Al loro, que no estamos tan mal!
Tan mal no lo hacemos aquí cuando hay científicos españoles por medio mundo, y tan bien no lo harán en Finlandia cuando su tasa de suicidios es de las más elevadas del mundo, aunque de esto ya hablaremos otro día, pero ni aquí todo es un desastre, ni allí todo es oro. Tenemos una materia prima fabulosa, no dejemos que se eche a perder. Está en nuestras manos, las de los profes, no las de los políticos, hacer de nuestros alumnos los adultos responsables del mañana. Valoremos e incentivemos más a alumnos como Rosa, busquémosles actividades que les estimulen y que, a su vez, también motiven al resto de sus compañeros para mejorar. Os aseguro que se puede hacer y que no es tan difícil, y que incluso se puede hacer con métodos tradicionales. Creedme. Se trata de no perderlos. Se trata de no perder a ninguno por el camino. A ninguno.
jueves, 14 de julio de 2016
Puertas abiertas
Los finales de curso siempre vienen acompañados de sus tradicionales galas/shows/encuentros o lo que sea que se haga. Este año es la primera vez que participo en una Jornada de Puertas Abiertas, que incluía exposición, cena y gala con actuaciones, entrega de premios y graduación. ¡Un completo, vamos!
Aquí os dejo el enlace al post de la revista digital Téntol del IES Santanyí, donde os lo resumen. No os creáis que me voy a quedar aquí, no... :D También os voy a poner las fotos de la exposición de Lengua Castellana, en la que participamos todos los profes y había trabajos de todos los niveles y grupos. Aquí las tenéis: ¡Disfrutadlas!
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Encontraréis el show de final de curso de los alumnos de Taller de Teatro que se proyectó tanto en la exposción como en la gala en este enlace.
Aquí os dejo el enlace al post de la revista digital Téntol del IES Santanyí, donde os lo resumen. No os creáis que me voy a quedar aquí, no... :D También os voy a poner las fotos de la exposición de Lengua Castellana, en la que participamos todos los profes y había trabajos de todos los niveles y grupos. Aquí las tenéis: ¡Disfrutadlas!
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Encontraréis el show de final de curso de los alumnos de Taller de Teatro que se proyectó tanto en la exposción como en la gala en este enlace.
miércoles, 13 de julio de 2016
Balance de un curso maravilloso
Hace mucho tiempo que no escribo, no sé si porque no encontraba el momento, o porque a veces no soy capaz de moderar el lenguaje y por eso prefiero dejar enfriar ciertas situaciones. Así pues, hoy, en pleno mes de julio, cuando hace ya casi dos semanas que ha acabado el curso, creo que puedo hacer un balance más que positivo de este año en el IES Santanyí.
Santanyí está a 80 km de mi casa, lo que hablando en peninsular es como ir de Barcelona a La Coruña (y volver) cada día. Cosas de los isleños, que en cuanto nos sacan de nuestra zona de confort "carreteril" ya parece que tenemos que hacernos el hara-kiri. A todo esto tenemos que sumarle el gasto de gasolina que, estando una como ha estado a media jornada, pues es más que significativo. ¡Y eso que en septiembre estrené coche! ¡Olé mi Corsita!
Ya habéis visto que la parte mala de la media jornada es el sueldo; la parte buena es que una no va tan ajetreada y puede disfrutar más del trabajo y de esos chiquimonsters de 2º de ESO a los que tanto echaba de menos. Este curso me ha tocado pleno de segunditos: dos clases más la optativa de Taller de Teatro, también de segundo. Si bien es cierto que son agotadores, porque lo son (cansinos que son los adolescentes), también es verdad que es un curso muy bonito porque es en el que se experimentan ciertos cambios... Ya me entendéis. Que en septiembre tenemos a niños que juegan a Pokémon y en junio tenemos a hombres de voz grave y pelos en todas las partes de su cuerpo que quieren jugar a las Barbies... Cosas de la edad. :D
Qué queréis que os diga... Ahora que ya llevo un tiempo sin ellos los echo de menos. Echo de menos sus rabietas, sus gritos y mis gritos, sus caras de complicidad, sus ganas de hacer una trastada, entrar en clase (uhmmm... ese olor de humanidad...), usar los libros, la PDI, tener una clase de profeconsejos... Lo echo de menos. Los echo de menos. Es lo que tiene la vida del interino, que en la mayoría de ocasiones no vuelves a ver a los que han sido TUS alumnos, TUS niños, porque el destino no os vuelve a cruzar. ¿Qué habrá sido de los que tuve en Manacor, en Mahón o en Sant Antoni? ¿Qué será de mis nenes de Santanyí? De todo corazón espero que les vaya bien y que algún día alguno de ellos también se pregunte qué ha sido de mí, porque eso significará que algo de lo que han aprendido conmigo (bueno o malo) ha quedado en su memoria. Y me sentiré orgullosa de ello. Y de ellos.
----
En los próximos días iré publicando algunas de las experiencias que hemos vivido este curso, así, a salto de mata, pero espero que os gusten. :D
Santanyí está a 80 km de mi casa, lo que hablando en peninsular es como ir de Barcelona a La Coruña (y volver) cada día. Cosas de los isleños, que en cuanto nos sacan de nuestra zona de confort "carreteril" ya parece que tenemos que hacernos el hara-kiri. A todo esto tenemos que sumarle el gasto de gasolina que, estando una como ha estado a media jornada, pues es más que significativo. ¡Y eso que en septiembre estrené coche! ¡Olé mi Corsita!
Ya habéis visto que la parte mala de la media jornada es el sueldo; la parte buena es que una no va tan ajetreada y puede disfrutar más del trabajo y de esos chiquimonsters de 2º de ESO a los que tanto echaba de menos. Este curso me ha tocado pleno de segunditos: dos clases más la optativa de Taller de Teatro, también de segundo. Si bien es cierto que son agotadores, porque lo son (cansinos que son los adolescentes), también es verdad que es un curso muy bonito porque es en el que se experimentan ciertos cambios... Ya me entendéis. Que en septiembre tenemos a niños que juegan a Pokémon y en junio tenemos a hombres de voz grave y pelos en todas las partes de su cuerpo que quieren jugar a las Barbies... Cosas de la edad. :D
Qué queréis que os diga... Ahora que ya llevo un tiempo sin ellos los echo de menos. Echo de menos sus rabietas, sus gritos y mis gritos, sus caras de complicidad, sus ganas de hacer una trastada, entrar en clase (uhmmm... ese olor de humanidad...), usar los libros, la PDI, tener una clase de profeconsejos... Lo echo de menos. Los echo de menos. Es lo que tiene la vida del interino, que en la mayoría de ocasiones no vuelves a ver a los que han sido TUS alumnos, TUS niños, porque el destino no os vuelve a cruzar. ¿Qué habrá sido de los que tuve en Manacor, en Mahón o en Sant Antoni? ¿Qué será de mis nenes de Santanyí? De todo corazón espero que les vaya bien y que algún día alguno de ellos también se pregunte qué ha sido de mí, porque eso significará que algo de lo que han aprendido conmigo (bueno o malo) ha quedado en su memoria. Y me sentiré orgullosa de ello. Y de ellos.
![]() |
| Algunas de mis alumnas de Mahón, que de tanto en tanto se acuerdan de mí. "Mis nenas" |
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En los próximos días iré publicando algunas de las experiencias que hemos vivido este curso, así, a salto de mata, pero espero que os gusten. :D
lunes, 23 de mayo de 2016
La tuitera dicharachera
Últimamente tengo tanto que contar, que no llego ni al blog. Mi adicción a las redes sociales es de sobras conocida por todos vosotros, pero últimamente Twitter se lleva la palma. Será por eso de que ofrece más anonimato. ;)
Aquí, algunos de mis últimos "tuits educativos":
Aquí, algunos de mis últimos "tuits educativos":
Colocar a mis #alumnos de 2o #ESO chico-chica-chico-chica... y que surja el #amor es todo uno. #Primavera #Hormonas #Adolescentes— Isabel Pascual (@i_pascual) 19 de abril de 2016
Yo no sé para qué hacemos recuperaciones... pic.twitter.com/pzUzmo2B0y— Isabel Pascual (@i_pascual) 21 de abril de 2016
Hoy en clase hemos celebrado un previo de #SantJordi #DíaDelLibro muy emotivo. #JóvenesLectores #ESO @anayainfantil pic.twitter.com/lQTNyuBsG0— Isabel Pascual (@i_pascual) 22 de abril de 2016
Hoy un alumno mío,se supone que superdotado,se ha colocado una ventosa en la frente. Tiene un chupón del tamaño de África en todo el careto.— Isabel Pascual (@i_pascual) 29 de abril de 2016
Que menos mal que era superdotado, si no llega a serlo, miedo me da imaginar el final.— Isabel Pascual (@i_pascual) 29 de abril de 2016
Cuando una definición de la @RAEinforma desata las homonas de mis monstruitos de 2o ESO. #MentesCalenturientas pic.twitter.com/w2Jtj1YmlS— Isabel Pascual (@i_pascual) 3 de mayo de 2016
— Isabel Pascual (@i_pascual) 8 de mayo de 2016
Sabes que eres una #malaprofe cuando te preocupa más que un alumno se eche novia a que apruebe los exámenes. :D #RealFacts #TeacherFacts— Isabel Pascual (@i_pascual) 11 de mayo de 2016
— Isabel Pascual (@i_pascual) 16 de mayo de 2016
jueves, 14 de abril de 2016
El trabajo sucio.
Llevo muchísimo tiempo sin publicar en el blog. Lo sé. Soy consciente de ello. No es que no haya tenido nada que decir, aun al contrario, pero ni el tiempo ni las fuerzas me han acompañado para dedicarle un poquito de tiempo al Diario. Hoy sí. Hoy me veo en la necesidad de escribir, de quejarme (como siempre, diréis), de decir unas cuantas verdades o, más que de decirlas, de hacerlas públicas.
Probablemente yo soy la profesora más mediocre que tienen mis alumnos. No voy a discutir este hecho ni lo voy a poner en duda, os daré ese placer. Sin embargo, también os puedo decir que mis clases son de las más disciplinadas de todo el centro. Se habla cuando se tiene que hablar, se calla cuando se tiene que callar y los alumnos normalmente tienen de 10 a 30 minutos para realizar sus actividades en clase, así les puedo resolver dudas. Y trabajan. Mucho. En orden. En ese silencio relativo que se crea en un entorno de trabajo tranquilo, productivo. También, de un modo u otro, les intento premiar por ello.
Sin embargo, la labor educativa es mucho más que esos 55 minutos por sesión que pasamos en el aula. El centro es mucho mayor y nos implica a todos, y no hablemos ya de la comunidad educativa. ¿De qué sirve un profesor excelente en su materia pero que se esconde en los despachos para eludir cualquier responsabilidad? ¿De qué sirve que en la sala de profesores haya seis docentes corrigiendo o preparando clases (algo importantísimo) si ninguno de ellos es capaz de salir cuando se produce un altercado o cuando hay un alumno expulsado? Hay momentos en los que la responsabilidad no recae sobre un único profesional, sino que nos afecta a todos. O al menos debería afectarnos a todos.
Ser profesor es mucho más que dar la clase, y nuestra profesión no se acredita sólo con ganar la oposición. Eso te certifica administrativa y académicamente como funcionario de carrera, pero no serás profesor hasta que no vivas tu centro y tus alumnos y te impliques en su funcionamiento, en su aprendizaje, en todos y cada uno de los pequeños aspectos, por minúsculos que sean, que forman parte de la labor docente.
Es lamentable ver como algunos profesores, y esto pasa en todos los centros, no se levantan de la silla si no tienen una hora específica asignado y/o se les pide expresamente su colaboración. Es algo deplorable. Así de claro lo digo, aunque me gane mil y una enemistades. Por poner un ejemplo, no me parece normal que haya una pelea en el pasillo y que nadie se dé cuenta, menos normal me parece que algunos escurran el bulto. Que luego cuando sucede una desgracia nos rasgamos las vestiduras, y son cosas que se pueden evitar con la colaboración y el trabajo de todos y haciendo un ejercicio de corresponsabilidad.
Muchos me dirán que "lo hago porque quiero". ¡Por supuesto! ¡Faltaría más! Ahí reside el problema: muchos no quieren. No quieren ver esa parte de nuestro trabajo, la de mediadores, la de agentes de prevención de la violencia. O arrimamos todos el hombro, o tendremos que poner a la policía a vigilar los pasillos en los cambios de clase y durante los recreos. Se habla mucho de la violencia en las aulas y de la irascibilidad de los alumnos, ¿pero qué se hace para neutralizar esto? Si algunos docentes son incapaces de llamar la atención a un alumno que está rompiendo algo, ¿cómo podemos pretender que ese mismo "profesional" se ponga en alerta ante un acto violento? Las grandes cosas empiezan con gestos pequeños, pero hay que empezar.
Que luego los que más se quejan son los que menos hacen. Y así nos luce el pelo. Os lo dice media interinucha.
Probablemente yo soy la profesora más mediocre que tienen mis alumnos. No voy a discutir este hecho ni lo voy a poner en duda, os daré ese placer. Sin embargo, también os puedo decir que mis clases son de las más disciplinadas de todo el centro. Se habla cuando se tiene que hablar, se calla cuando se tiene que callar y los alumnos normalmente tienen de 10 a 30 minutos para realizar sus actividades en clase, así les puedo resolver dudas. Y trabajan. Mucho. En orden. En ese silencio relativo que se crea en un entorno de trabajo tranquilo, productivo. También, de un modo u otro, les intento premiar por ello.
Sin embargo, la labor educativa es mucho más que esos 55 minutos por sesión que pasamos en el aula. El centro es mucho mayor y nos implica a todos, y no hablemos ya de la comunidad educativa. ¿De qué sirve un profesor excelente en su materia pero que se esconde en los despachos para eludir cualquier responsabilidad? ¿De qué sirve que en la sala de profesores haya seis docentes corrigiendo o preparando clases (algo importantísimo) si ninguno de ellos es capaz de salir cuando se produce un altercado o cuando hay un alumno expulsado? Hay momentos en los que la responsabilidad no recae sobre un único profesional, sino que nos afecta a todos. O al menos debería afectarnos a todos.
Ser profesor es mucho más que dar la clase, y nuestra profesión no se acredita sólo con ganar la oposición. Eso te certifica administrativa y académicamente como funcionario de carrera, pero no serás profesor hasta que no vivas tu centro y tus alumnos y te impliques en su funcionamiento, en su aprendizaje, en todos y cada uno de los pequeños aspectos, por minúsculos que sean, que forman parte de la labor docente.
Es lamentable ver como algunos profesores, y esto pasa en todos los centros, no se levantan de la silla si no tienen una hora específica asignado y/o se les pide expresamente su colaboración. Es algo deplorable. Así de claro lo digo, aunque me gane mil y una enemistades. Por poner un ejemplo, no me parece normal que haya una pelea en el pasillo y que nadie se dé cuenta, menos normal me parece que algunos escurran el bulto. Que luego cuando sucede una desgracia nos rasgamos las vestiduras, y son cosas que se pueden evitar con la colaboración y el trabajo de todos y haciendo un ejercicio de corresponsabilidad.
Muchos me dirán que "lo hago porque quiero". ¡Por supuesto! ¡Faltaría más! Ahí reside el problema: muchos no quieren. No quieren ver esa parte de nuestro trabajo, la de mediadores, la de agentes de prevención de la violencia. O arrimamos todos el hombro, o tendremos que poner a la policía a vigilar los pasillos en los cambios de clase y durante los recreos. Se habla mucho de la violencia en las aulas y de la irascibilidad de los alumnos, ¿pero qué se hace para neutralizar esto? Si algunos docentes son incapaces de llamar la atención a un alumno que está rompiendo algo, ¿cómo podemos pretender que ese mismo "profesional" se ponga en alerta ante un acto violento? Las grandes cosas empiezan con gestos pequeños, pero hay que empezar.
Que luego los que más se quejan son los que menos hacen. Y así nos luce el pelo. Os lo dice media interinucha.
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