El hecho de trasladarse continuamente de residencia viene indefectiblemente unido a otro hecho: alquilar un piso en tu ciudad -o pueblucho- de destino. No voy a entrar ahora en la oferta de vivienda de alquiler de Mahón a disposición del colectivo docente, sólo os voy a contar mi experiencia.
En general, puedo decir que he tenido mucha suerte con los tres pisos que me ha tocado alquilar, eso sí, bajo pago. Y es que quien algo quiere algo le cuesta. Yo pago por comodidad, por confort, por... vamos, por tener un pisito cómodo y que me guste. Esto tampoco es ninguna novedad. El problema viene cuando, aunque estés en un piso nuevo, se te empiezan a romper las cosas.
Ahí es cuando te pones de los nervios, porque la
puta lavadora no para de hacer ruidos infernales y la cisterna gotea continuamente. Lo de la cisterna del wc lo solucionamos fácilmente cerrando la llave de paso, pero no, no es cómodo agacharse una y otra vez y darle la vueltecita a la ruedita de las naricitas. Lo de la lavadora... pues es más complicado. Viene el técnico y "Uy, esta pieza va a haber que cambiarla, y bueno, esta otra también, y ésta..."
Como el tambor está mal sujetado, se ha roto una pieza de no sé dónde y está golpeando en otra parte, la suma ascendía al mismísimo precio de una lavadora nueva. Suerte que la propietaria, como es lógico, se hace cargo de todo y, cuando esta
pete se acabe de romper me va a poner una nueva. De momento lavar la ropa es un deporte de riesgo a medio camino entre la escalada para subir a la azotea y la natación de la que tendré que hacer gala si se inunda la cocina.
¿Voluntarios para ayudarme?
Esto es lo que NO tendría que pasar...