Si bien este espacio podría dar mucho que hablar en cualquier instituto, hoy me limitaré a ofreceros una recomendación literaria: La sala de profesores, de Markus Orths, publicado en español por Seix Barral.
Aunque en el libro aparecen algunas situaciones surrealistas y exageradas, muchas sí se parecen a nuestro día a día. Fue el primer libro del que disfruté al regresar de Menorca, y ojalá lo hubiera leído antes: seguramente hubiera vivido ciertas situaciones de manera diferente. No os cuento más y os dejo aquí una reseña.
En mi opinión, La sala de profesores sirve de terapia para cualquier profesor frustrado en algún momento de su carrera, pues logrará esbozar una sonrisa sarcástica y socarrona a cualquier docente que se sienta identificado con alguno de los pasajes de la obra, desde los más extremos a los más cotidianos. 100% recomendable.
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domingo, 29 de enero de 2017
La sala de profesores
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martes, 30 de junio de 2015
Se ha cerrado un ciclo
Se ha cerrado un ciclo. Los que son docentes saben que el año empieza el 1 de septiembre y acaba el 30 de junio. No hay más año que ese para nosotros. Por lo general, el año se empieza con alegría, motivación, ilusión... y suele acabar con buenos deseos para los compañeros y un poco de morriña por dejar atrás un centro, unos alumnos, etc. Otras veces la experiencia ha sido tan mala que uno solamente tiene ganas de que el 30 de junio llegue cuanto antes mejor. Yo he vivido los dos extremos y este año, afortunadamente, vuelvo a sentir algo de penita al acabar el curso.
Esta desazón que me acompaña desde hace ya dos semanitas no sólo se debe a los fantásticos compañeros con los que he compartido momentos increíbles. Con Maite hemos seguido rutas gastronómicas de vicio y perdición; con Xisca he salido "a fumar" sin la necesidad de prender un cigarrillo, sólo por el puro placer de conversar; a Albert lo tengo fascinado con los sobrecitos de leche condensada, que sé que va a echar de menos el año que viene, y así todos ellos, como el imperturbable Jaume -alias "el hombre del yogur"- o Montse, mi jefa de departamento que tantas dudas me ha resuelto y tanto me ha facilitado mi trabajo a lo largo del curso.
También sé que voy a echar mucho de menos a este equipo directivo, que se ha desvivido por mejorar las condiciones laborales de los miembros del claustro y por ofrecer a los alumnos todas las posibilidades habidas y por haber para que lleven sus estudios a buen término. A los siempre discretos Raúl y Xavier hay que añadir a Damià, el director, un gran conversador que sé que me va a echar de menos porque no tendrá a quién chinchar, jejeje. El director, ese hombre, esa persona que no necesitaba recordar que lo era para que sus decisiones se asumieran entre nosotros por su sensatez. Creo que la grandeza de un director está en no hacer nunca patente que lo es, he aquí un ejemplo. Con Damià he vuelto a recobrar la fe en la función directiva que yo creía perdida, es un gran gestor del centro y de sus recursos humanos que ha sabido poner a su lado a dos personas eficientes para desarrollar su labor.*
Voy a echar de menos un centro limpísimo (olé por el personal de limpieza, Miquela y Cati) que está muy bien acondicionado para la labor docente, con espacios cómodos tanto para profesores como para alumnos, con recursos TIC, y con algo tan básico como calefacción en el crudo y húmedo invierno del Pla de Mallorca. ¿Y qué hay de los cafés en el bar? Nunca había apreciado tanto que un centro contara con una cafetería al lado hasta que estuve tres años sin ella.
Recordaré con añoranza a mis alumnos, quienes me han facilitado un montón mi trabajo: mis gamberros de 3º del primer cuatrimestre, mis alumnos de español para extranjeros que me dejaron cubierta de dulces para que yo también pudiera hacer el ramadán si hace falta, mis chicas y mi chico del grupo de inglés, que tanto han aprendido y tanto han mejorado y, cómo no, a mis alumnos de acceso a CFGS, que el año que viene podrán continuar con sus estudios en diferentes institutos de Mallorca. **
Agradezco la oportunidad que me ha brindado el CEPA Mancomunitat des Pla de llevarme una impresión diferente de la enseñanza de adultos y de su gestión, que en tan mal concepto tenía después de mi triple experiencia en años anteriores. Por todo ello, a todos los que me han acompañado durante este curso, a todos los que han colaborado en la mejora de mi salud física y mental, a todos los que han tenido una palabra de ánimo en un momento oportuno, a todos ellos, sólo les dirijo unas simples palabras: GRACIAS, OS ECHARÉ DE MENOS. Y NO OS IMAGINÁIS CUÁNTO.
_____________________
*Digo esto al acabar el curso porque luego me dice que le hago la pelota porque seguro que quiero algo. Jajajaja.
** De ellos os hablaré mañana en otro post: COSAS QUE TE PASAN EN VILAFRANCA CUANDO ERES UNA PROFESORA DE MENOS DE 30.
Esta desazón que me acompaña desde hace ya dos semanitas no sólo se debe a los fantásticos compañeros con los que he compartido momentos increíbles. Con Maite hemos seguido rutas gastronómicas de vicio y perdición; con Xisca he salido "a fumar" sin la necesidad de prender un cigarrillo, sólo por el puro placer de conversar; a Albert lo tengo fascinado con los sobrecitos de leche condensada, que sé que va a echar de menos el año que viene, y así todos ellos, como el imperturbable Jaume -alias "el hombre del yogur"- o Montse, mi jefa de departamento que tantas dudas me ha resuelto y tanto me ha facilitado mi trabajo a lo largo del curso.
También sé que voy a echar mucho de menos a este equipo directivo, que se ha desvivido por mejorar las condiciones laborales de los miembros del claustro y por ofrecer a los alumnos todas las posibilidades habidas y por haber para que lleven sus estudios a buen término. A los siempre discretos Raúl y Xavier hay que añadir a Damià, el director, un gran conversador que sé que me va a echar de menos porque no tendrá a quién chinchar, jejeje. El director, ese hombre, esa persona que no necesitaba recordar que lo era para que sus decisiones se asumieran entre nosotros por su sensatez. Creo que la grandeza de un director está en no hacer nunca patente que lo es, he aquí un ejemplo. Con Damià he vuelto a recobrar la fe en la función directiva que yo creía perdida, es un gran gestor del centro y de sus recursos humanos que ha sabido poner a su lado a dos personas eficientes para desarrollar su labor.*
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| Alumnos y profesores del CEPA Mancomunitat des Pla - Vilafranca |
Voy a echar de menos un centro limpísimo (olé por el personal de limpieza, Miquela y Cati) que está muy bien acondicionado para la labor docente, con espacios cómodos tanto para profesores como para alumnos, con recursos TIC, y con algo tan básico como calefacción en el crudo y húmedo invierno del Pla de Mallorca. ¿Y qué hay de los cafés en el bar? Nunca había apreciado tanto que un centro contara con una cafetería al lado hasta que estuve tres años sin ella.
Recordaré con añoranza a mis alumnos, quienes me han facilitado un montón mi trabajo: mis gamberros de 3º del primer cuatrimestre, mis alumnos de español para extranjeros que me dejaron cubierta de dulces para que yo también pudiera hacer el ramadán si hace falta, mis chicas y mi chico del grupo de inglés, que tanto han aprendido y tanto han mejorado y, cómo no, a mis alumnos de acceso a CFGS, que el año que viene podrán continuar con sus estudios en diferentes institutos de Mallorca. **
Agradezco la oportunidad que me ha brindado el CEPA Mancomunitat des Pla de llevarme una impresión diferente de la enseñanza de adultos y de su gestión, que en tan mal concepto tenía después de mi triple experiencia en años anteriores. Por todo ello, a todos los que me han acompañado durante este curso, a todos los que han colaborado en la mejora de mi salud física y mental, a todos los que han tenido una palabra de ánimo en un momento oportuno, a todos ellos, sólo les dirijo unas simples palabras: GRACIAS, OS ECHARÉ DE MENOS. Y NO OS IMAGINÁIS CUÁNTO.
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*Digo esto al acabar el curso porque luego me dice que le hago la pelota porque seguro que quiero algo. Jajajaja.
** De ellos os hablaré mañana en otro post: COSAS QUE TE PASAN EN VILAFRANCA CUANDO ERES UNA PROFESORA DE MENOS DE 30.
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domingo, 2 de noviembre de 2014
"¿Y esto cómo se hace, Mestra?"
¿Os he dicho que este año he vuelto a disfrutar de mi trabajo? La verdad que en mi nuevo centro no sólo me siento querida -y hasta mimada- por todos mis compañeros, sino que además tengo unos alumnos maravillosos (ojo, ¡el año pasado mis alumnos también fueron fabulosos!). Trabajo en un pueblo eminentemente agrícola del Pla de Mallorca, cuyo CEPA aglutina otra decena de pueblos de características similares. Así pues, mis alumnos son muchas veces personas del campo y/o de la construcción que en su época abandonaron los estudios ante un futuro que se les prometía estable y con un sueldo más que suficiente y que ahora no es para nada halagüeño.
Para mí, que también me he criado en un entorno rural, esto es un bálsamo. Un lugar cuyas características me resultan familiares, unos alumnos con quienes comparto un mismo contexto, unos compañeros que disfrutan de las bondades de la vida retirada, que diría Fray Luis. Lo mejor de todo es que, pese a que algunos sí son de lengua materna castellana, el 90% son hablantes nativos de catalán, y esto, a mí, freak de las lenguas como soy, me fascina. No sólo me fascina que intenten esforzarse por pronunciar mejor en castellano (ya les he dicho que tampoco hace mucha falta, que hay ciertos rasgos que son distintivos del castellano de Baleares) y por evitar errores de la lengua coloquial, sino que muchos de ellos me llaman a la voz de "Mestra".
En los pueblos, las figuras de autoridad moral y académica desde antaño han sido el cura, el médico, el alcalde y el maestro (o profesor, lo mismo me da, docente a fin de cuentas). Si bien en los tiempos que corren la religión anda de capa caída y los políticos se ven salpicados por incontables tramas de corrupción, esas figuras de referencia se ven reducidas sólo a dos: el médico y el maestro. ¡Menuda responsabilidad! A nuestros gremios ocupa la tarea no sólo de mejorar como profesionales y de atender mejor a nuestros pacientes/alumnos - y a veces pacientes alumnos ;) -, sino la gran carga de no defraudarlos. Un alumno al que defraudamos es un alumno perdido. No hay más. Un alumno al que no escuchamos es un alumno que no querrá venir a nuestras clases. Ahí radica la importancia de nuestro trabajo.
Cada vez que cruzo la calle y oigo ese rudo y fuerte "Mestra" por parte de un chico de 30 años o, por contra, esa dulce voz de la chica de 17 años que se ha dado cuenta de que quiere seguir estudiando y no falta ni a una sola clase, qué queréis que os diga, a mí interiormente se me saltan las lágrimas. Son lágrimas de felicidad, de alegría por sentirme valorada y porque se reconoce mi trabajo, porque sé que esas voces pertenecen a personas con un corazón tan grande que no les cabe en el pecho, tan buenas y tan honestas que te sueltan "no he estudiado porque me ha dado pereza". ¿No os parece fabuloso? ¿No os resulta fascinante encontrar a personas tan buenas y tan transparentes en los tiempos que corren?
La verdad es que creo que este curso no sólo me ha tocado la lotería por haber obtenido una vacante en Mallorca, por una media jornada que me permite cuidar de mi salud (que tan maltrecha quedó el curso pasado por culpa de personas poco profesionales y con pocos escrúpulos), por el hecho de que me haya tocado un pueblo y por tener un equipo directivo que me ha confeccionado un horario maravilloso y que se portan conmigo, y con todos los profesores -recordad que yo soy el último mono interino-, de manera excepcional. No sólo me ha tocado la lotería por eso, sino porque este año vuelvo a disfrutar de trabajar, de ir a clase, de hablar con mis alumnos, sean los de 3º, los de Acceso a Grado Superior o los del módulo de inglés; incluso disfruto de la hora de habilidades orales con los alumnos magrebíes de español para extranjeros - alfabetización. De ellos os hablaré otro día, porque hay un grupo de señores de unos 50 años que son la monda y con los que me río mucho. ¡No sabéis la de juego que da la distinción de vocales!
Pero, sin duda, lo mejor de todo es cuando algún alumno de 3º o de ACFGS me interrumpe, con su carita de no haber roto nunca un plato, con la frase que más me gusta: "¿Y esto cómo se hace, Mestra?".
---------------
Otro día os hablaré de que mi sueño imposible siempre ha sido trabajar en una escuela rural unitaria, de esas con uno o dos maestros/profesores para toda la enseñanza, aunque con nuestro modelo educativo...
Para mí, que también me he criado en un entorno rural, esto es un bálsamo. Un lugar cuyas características me resultan familiares, unos alumnos con quienes comparto un mismo contexto, unos compañeros que disfrutan de las bondades de la vida retirada, que diría Fray Luis. Lo mejor de todo es que, pese a que algunos sí son de lengua materna castellana, el 90% son hablantes nativos de catalán, y esto, a mí, freak de las lenguas como soy, me fascina. No sólo me fascina que intenten esforzarse por pronunciar mejor en castellano (ya les he dicho que tampoco hace mucha falta, que hay ciertos rasgos que son distintivos del castellano de Baleares) y por evitar errores de la lengua coloquial, sino que muchos de ellos me llaman a la voz de "Mestra".
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| Aquí tengo la suerte y el placer de trabajar. |
En los pueblos, las figuras de autoridad moral y académica desde antaño han sido el cura, el médico, el alcalde y el maestro (o profesor, lo mismo me da, docente a fin de cuentas). Si bien en los tiempos que corren la religión anda de capa caída y los políticos se ven salpicados por incontables tramas de corrupción, esas figuras de referencia se ven reducidas sólo a dos: el médico y el maestro. ¡Menuda responsabilidad! A nuestros gremios ocupa la tarea no sólo de mejorar como profesionales y de atender mejor a nuestros pacientes/alumnos - y a veces pacientes alumnos ;) -, sino la gran carga de no defraudarlos. Un alumno al que defraudamos es un alumno perdido. No hay más. Un alumno al que no escuchamos es un alumno que no querrá venir a nuestras clases. Ahí radica la importancia de nuestro trabajo.
Cada vez que cruzo la calle y oigo ese rudo y fuerte "Mestra" por parte de un chico de 30 años o, por contra, esa dulce voz de la chica de 17 años que se ha dado cuenta de que quiere seguir estudiando y no falta ni a una sola clase, qué queréis que os diga, a mí interiormente se me saltan las lágrimas. Son lágrimas de felicidad, de alegría por sentirme valorada y porque se reconoce mi trabajo, porque sé que esas voces pertenecen a personas con un corazón tan grande que no les cabe en el pecho, tan buenas y tan honestas que te sueltan "no he estudiado porque me ha dado pereza". ¿No os parece fabuloso? ¿No os resulta fascinante encontrar a personas tan buenas y tan transparentes en los tiempos que corren?
La verdad es que creo que este curso no sólo me ha tocado la lotería por haber obtenido una vacante en Mallorca, por una media jornada que me permite cuidar de mi salud (que tan maltrecha quedó el curso pasado por culpa de personas poco profesionales y con pocos escrúpulos), por el hecho de que me haya tocado un pueblo y por tener un equipo directivo que me ha confeccionado un horario maravilloso y que se portan conmigo, y con todos los profesores -recordad que yo soy el último mono interino-, de manera excepcional. No sólo me ha tocado la lotería por eso, sino porque este año vuelvo a disfrutar de trabajar, de ir a clase, de hablar con mis alumnos, sean los de 3º, los de Acceso a Grado Superior o los del módulo de inglés; incluso disfruto de la hora de habilidades orales con los alumnos magrebíes de español para extranjeros - alfabetización. De ellos os hablaré otro día, porque hay un grupo de señores de unos 50 años que son la monda y con los que me río mucho. ¡No sabéis la de juego que da la distinción de vocales!
Pero, sin duda, lo mejor de todo es cuando algún alumno de 3º o de ACFGS me interrumpe, con su carita de no haber roto nunca un plato, con la frase que más me gusta: "¿Y esto cómo se hace, Mestra?".
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Otro día os hablaré de que mi sueño imposible siempre ha sido trabajar en una escuela rural unitaria, de esas con uno o dos maestros/profesores para toda la enseñanza, aunque con nuestro modelo educativo...
lunes, 7 de abril de 2014
Columbainera por cinco minutos, ¿y qué? :D
Yo creo que voy camino de ser la próxima columbainera de Baleares, pero no en la UIB. Nuestra uni mola, y mucho. Lo seré en el CEPA Joan Mir y Mir de Mahón (añadid a esto una sonrisa maléfica). Yo no es que apoye la violencia, es que soy muy de los refranes, y si hay uno que dice "muerto el perro, se acabó la rabia", por algo será.
A mí mi profesión me gusta, me encanta, me fascina y me apasiona, pero no es mi vida. Ahora saldrán los típicos que dicen que los profesores somos unos vagos, y tal... Pues me da igual. Si el que trabaja en una fábrica al cumplir sus horas semanales se va a casa, pues yo también. Por ley tengo 37.5 horas laborales, de las cuales 28 períodos lectivos hay que pasarlos en el centro. Esto da un cómputo de unas 25.5 horas en el centro. Los descansos, tanto si son los típicos "patios" del instituto, de 15 o 20 minutos, como mis ridículos y poco recomendables 5 entre clase y clase (que te pasas de camino en una itinerancia que no te pagan y no puedes ni mear tranquila, mucho menos tomarte un café que no arda en las claderas del infierno), no computan en este total. Así que yo en casa tengo que trabajar unas 12 horas. Clama al cielo que son más, muchas más.
A veces suelo quedarme una hora extra en el centro para suplir, pero en general trabajo 2 horitas cada día (formándome, corrigiendo, preparando clases, buscando materiales, elaborando dossiers, etc.) y dos más el fin de semana. Eso cuando "no" hay trabajo. Cuando lo hay acabo antes si cuento las horas que duermo. Me he propuesto firmemente no trabajar más de esas horas. Y si las cosas no se han acabado, pues mala tarde. Tampoco nos tratan tan bien -ni la Conselleria ni otras esferas- como para que vayamos regalando horas extra por ahí.
En mi horario personal pone que empiezo al minuto '05 de cada hora, es decir, por las mañanas a las 9'05 y por las tardes a las 17'05. Entonces... ¿Por qué coño se convocan reuniones a las 5 en punto? ¿Somos tontos o es que nos gusta serlo? Si regalo los primeros cinco minutos de cada jornada o fragmento de jornada, que son 8 en total, me salen 40 minutos... y oiga, pues no. Ya, claro, y vosotros me diréis: ¡Pero si son sólo cinco minutos! Sí, cinco de aquí, cinco de ahí... Invertir MI descanso en una itinerancia no pagada, porque como no cabemos, nos vamos a un centro que está cerca (a 7 minutos yendo deprisa, entre que recoges, llegas y tal), no poder casi ir al baño (riñones míos, perdonadme) y apenas tener tiempo para tomarme un café para poder llegar con los ojos abiertos a las 10 de la noche del viernes no puede ser sano.
También me diréis: ¿Por qué no propones un cambio? Jajajaa. Perdonadme, sólo con imaginármelo me entra la risa. Todo lo que podría suponer un cambio en mi centro de buenas a primeras es un NO rotundo. ¿Y lo que molaría "arrejuntar" esos minutillos en bloques de 10, 15 o 20 minutos? ¿Eh? ¡Hasta te podrías comer un bocadillo! ¡Qué los alumnos me vienen a clase con las chuches para aguantar! Además, si necesitáis un criterio/aval científico, mi enfermera dice que eso es de locos, que, acabando a las 9 o las 10 de la noche eso no es sano. Y tampoco es sano pasarse toda la mañana sin tener tiempo para un triste tentempié.
Cierto es que cada persona tiene su biorritmo y sus costumbres. Algunos necesitan fumar cada hora, yo necesito comer a media mañana y a media tarde. Nunca estaremos todos contentos. Eso sí, yo no pienso dejar que esto afecte a mi salud. Si hay que comer en clase, se come. Y si hay que empezar 3 o 4 minutos tarde porque hay cola en el baño -sólo hay uno, y me refiero a un triste retrete para todos-, pues... los alumnos lo agradecen. :D
¿Tengo remordimientos por ello? Ninguno. Más remordimientos tengo cuando no puedo rendir por falta de condiciones. Puede resultar algo brusco que me niegue a llegar antes de mi hora a clase o a una reunión, pero pondré un ejemplo de instituto: si un profesor tiene en su horario que debe empezar a segunda hora, es decir, a las 8'55, puede estar antes en el centro, pero se dirige a clase en cuanto toca el timbre, no está acechando a los alumnos ni presionando al profesor anterior. Del mismo modo, las 8'55 no son las 9. Esos cinco minutos tarde en un instituto implican movilizar a los profesores de guardia. Los cinco minutos más temprano en el CEPA me suponen un incordio y una falta de tiempo para otros menesteres.
En la enseñanza de adultos preparamos para pruebas de acceso, tanto a Grado Superior como a la Universidad. Una vez que hemos acabado estos cursos nos dedicamos a hacer horas de refuerzo educativos (en las que se nos derivan alumnos con ciertas dificultades) y también a elaborar y reorganizar materiales. Si alguien duda de ello puede pasarse por mi slideshare. ¡A veces hasta incluso prefiero dar clases! Es mucho más organizado, metódico y satisfactorio. De hecho, creo que los alumnos que hayan aprobado las pruebas libres de bachillerato van a seguir viniendo hasta la selectividad. :D
Y por cierto, por si alguien creía que somos unos vagos de bar, en nuestro centro no hay bar, ni cantina, ni cafetería ni ná de ná. Una mísera máquina de café...
A mí mi profesión me gusta, me encanta, me fascina y me apasiona, pero no es mi vida. Ahora saldrán los típicos que dicen que los profesores somos unos vagos, y tal... Pues me da igual. Si el que trabaja en una fábrica al cumplir sus horas semanales se va a casa, pues yo también. Por ley tengo 37.5 horas laborales, de las cuales 28 períodos lectivos hay que pasarlos en el centro. Esto da un cómputo de unas 25.5 horas en el centro. Los descansos, tanto si son los típicos "patios" del instituto, de 15 o 20 minutos, como mis ridículos y poco recomendables 5 entre clase y clase (que te pasas de camino en una itinerancia que no te pagan y no puedes ni mear tranquila, mucho menos tomarte un café que no arda en las claderas del infierno), no computan en este total. Así que yo en casa tengo que trabajar unas 12 horas. Clama al cielo que son más, muchas más.
A veces suelo quedarme una hora extra en el centro para suplir, pero en general trabajo 2 horitas cada día (formándome, corrigiendo, preparando clases, buscando materiales, elaborando dossiers, etc.) y dos más el fin de semana. Eso cuando "no" hay trabajo. Cuando lo hay acabo antes si cuento las horas que duermo. Me he propuesto firmemente no trabajar más de esas horas. Y si las cosas no se han acabado, pues mala tarde. Tampoco nos tratan tan bien -ni la Conselleria ni otras esferas- como para que vayamos regalando horas extra por ahí.
En mi horario personal pone que empiezo al minuto '05 de cada hora, es decir, por las mañanas a las 9'05 y por las tardes a las 17'05. Entonces... ¿Por qué coño se convocan reuniones a las 5 en punto? ¿Somos tontos o es que nos gusta serlo? Si regalo los primeros cinco minutos de cada jornada o fragmento de jornada, que son 8 en total, me salen 40 minutos... y oiga, pues no. Ya, claro, y vosotros me diréis: ¡Pero si son sólo cinco minutos! Sí, cinco de aquí, cinco de ahí... Invertir MI descanso en una itinerancia no pagada, porque como no cabemos, nos vamos a un centro que está cerca (a 7 minutos yendo deprisa, entre que recoges, llegas y tal), no poder casi ir al baño (riñones míos, perdonadme) y apenas tener tiempo para tomarme un café para poder llegar con los ojos abiertos a las 10 de la noche del viernes no puede ser sano.
También me diréis: ¿Por qué no propones un cambio? Jajajaa. Perdonadme, sólo con imaginármelo me entra la risa. Todo lo que podría suponer un cambio en mi centro de buenas a primeras es un NO rotundo. ¿Y lo que molaría "arrejuntar" esos minutillos en bloques de 10, 15 o 20 minutos? ¿Eh? ¡Hasta te podrías comer un bocadillo! ¡Qué los alumnos me vienen a clase con las chuches para aguantar! Además, si necesitáis un criterio/aval científico, mi enfermera dice que eso es de locos, que, acabando a las 9 o las 10 de la noche eso no es sano. Y tampoco es sano pasarse toda la mañana sin tener tiempo para un triste tentempié.
Cierto es que cada persona tiene su biorritmo y sus costumbres. Algunos necesitan fumar cada hora, yo necesito comer a media mañana y a media tarde. Nunca estaremos todos contentos. Eso sí, yo no pienso dejar que esto afecte a mi salud. Si hay que comer en clase, se come. Y si hay que empezar 3 o 4 minutos tarde porque hay cola en el baño -sólo hay uno, y me refiero a un triste retrete para todos-, pues... los alumnos lo agradecen. :D
¿Tengo remordimientos por ello? Ninguno. Más remordimientos tengo cuando no puedo rendir por falta de condiciones. Puede resultar algo brusco que me niegue a llegar antes de mi hora a clase o a una reunión, pero pondré un ejemplo de instituto: si un profesor tiene en su horario que debe empezar a segunda hora, es decir, a las 8'55, puede estar antes en el centro, pero se dirige a clase en cuanto toca el timbre, no está acechando a los alumnos ni presionando al profesor anterior. Del mismo modo, las 8'55 no son las 9. Esos cinco minutos tarde en un instituto implican movilizar a los profesores de guardia. Los cinco minutos más temprano en el CEPA me suponen un incordio y una falta de tiempo para otros menesteres.
En la enseñanza de adultos preparamos para pruebas de acceso, tanto a Grado Superior como a la Universidad. Una vez que hemos acabado estos cursos nos dedicamos a hacer horas de refuerzo educativos (en las que se nos derivan alumnos con ciertas dificultades) y también a elaborar y reorganizar materiales. Si alguien duda de ello puede pasarse por mi slideshare. ¡A veces hasta incluso prefiero dar clases! Es mucho más organizado, metódico y satisfactorio. De hecho, creo que los alumnos que hayan aprobado las pruebas libres de bachillerato van a seguir viniendo hasta la selectividad. :D
Y por cierto, por si alguien creía que somos unos vagos de bar, en nuestro centro no hay bar, ni cantina, ni cafetería ni ná de ná. Una mísera máquina de café...
martes, 25 de junio de 2013
Los últimos días
Este curso para mí ha pasado de manera fugaz, ya que sólo he trabajado los dos últimos meses. Después del estrés de la llegada y el posterior estrés de final de curso -que, obviamente, casi se me han solapado-, llegan los últimos días de permanencia.
Como soy una chica muy buena y muy responsable (sí, tengo muuuuy mal genio y a veces soy una malcarada, pero si una cosa tengo es que soy cumplidora, y no sólo lo dice mi madre), ya tengo hecho todo el papeleo de final de curso: actas, memorias, inventarios, exámenes de septiembre... Es cierto que me he quedado algunos días unas horitas más, pero vale la pena, porque aunque ahora me muero de aburrimiento, lo hago con la conciencia limpia y con la tranquilidad y el desahogo del que lo tiene todo listo a punto de partir.
Los últimos días del curso son un poco lúgubres, no sólo porque este año el tiempo no acompaña, sino porque ya no hay chiquimonsters incordiando por los pasillos. Seamos sinceros: un colegio sin niños es de todo menos un colegio. Es un edificio de la administración pública, pero hasta que los renacuajos y no tan renacuajos regresen a las aulas no será un colegio o instituto. Y sí, a veces nos gusta perder a los alumnos de vista, no lo negaré, o tener menos clases y con menos niños por clase -eso ya sería pedir un milagro, tal y como estamos-, pero estar en el instituto sin niños, sólo para hacer papeleo administrativo (aka: 'burrocracia'), pues no tiene gracia. Ninguna.
Peeeeeeeero bueno, mañana hay claustro, el jueves volverá a ser como hoy y el viernes despedida y para casita, que AirBerlin me espera.
¿Qué tal vuestros últimos días de curso? ¿Vosotros también os dedicáis a leer correos y a calentar la silla? Ah, y para que conste, me he ofrecido tanto a mi jefa de departamento -que es un amor- como al jefe de estudios -que también es un amor, porque es de mi mismo departamento :P- por si me necesitaban para cualquier cosa, así que no vayáis diciendo por ahí que soy una holgazana, ¡lo que pasa es que vivo de rentas! Jajajaja.
Como soy una chica muy buena y muy responsable (sí, tengo muuuuy mal genio y a veces soy una malcarada, pero si una cosa tengo es que soy cumplidora, y no sólo lo dice mi madre), ya tengo hecho todo el papeleo de final de curso: actas, memorias, inventarios, exámenes de septiembre... Es cierto que me he quedado algunos días unas horitas más, pero vale la pena, porque aunque ahora me muero de aburrimiento, lo hago con la conciencia limpia y con la tranquilidad y el desahogo del que lo tiene todo listo a punto de partir.
Los últimos días del curso son un poco lúgubres, no sólo porque este año el tiempo no acompaña, sino porque ya no hay chiquimonsters incordiando por los pasillos. Seamos sinceros: un colegio sin niños es de todo menos un colegio. Es un edificio de la administración pública, pero hasta que los renacuajos y no tan renacuajos regresen a las aulas no será un colegio o instituto. Y sí, a veces nos gusta perder a los alumnos de vista, no lo negaré, o tener menos clases y con menos niños por clase -eso ya sería pedir un milagro, tal y como estamos-, pero estar en el instituto sin niños, sólo para hacer papeleo administrativo (aka: 'burrocracia'), pues no tiene gracia. Ninguna.
Peeeeeeeero bueno, mañana hay claustro, el jueves volverá a ser como hoy y el viernes despedida y para casita, que AirBerlin me espera.
¿Qué tal vuestros últimos días de curso? ¿Vosotros también os dedicáis a leer correos y a calentar la silla? Ah, y para que conste, me he ofrecido tanto a mi jefa de departamento -que es un amor- como al jefe de estudios -que también es un amor, porque es de mi mismo departamento :P- por si me necesitaban para cualquier cosa, así que no vayáis diciendo por ahí que soy una holgazana, ¡lo que pasa es que vivo de rentas! Jajajaja.
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domingo, 9 de diciembre de 2012
Los vascos y los extraterrestres
Creo que ya he puesto varias veces por el blog que estuve trabajando en un CEPA durante casi dos cursos; esto es, daba clases a adultos. Como todos los alumnos, unos me caían mejor y otros me caían peor, pero este tipo de enseñanza no es precisamente la que más me gusta. Y lo digo así, a bocajarro, le pese a quien le pese, que para gustos, los colores.
¿Por qué no me gustó trabajar en la escuela de adultos? Elementos administrativos y organizativos a parte, debo decir que la calidad humana de todos los que fueron mis compañeros es excelente, aunque a veces discrepábamos en aspectos básicos de la enseñanza. No por ser adulto un alumno directamente tiene razón, además, a mi juicio, jamás se debe quitar la "autoridad" al profesor, jamás (excepto causa de fuerza mayor). Para no aburriros con lo que yo pienso de ESPA y de la regulación de los CEPAs (que pondría fino a más de uno, oiga), os voy a contar una de las primeras anécdotas que me sucedieron y que he titulado "Los vascos y los extraterrestres".
El primer año que llegué al CEPA, junto con mi inexperiencia fuera de Mallorca, me llevé todo lo que ya había aprendido dando clases a adultos durante 4 meses (esto os lo contaré otro día). Como allí se funciona por cuatrimestres, me encontré con que tenía que dar una semana de clases y evaluar a los alumnos. TERROR. Auténtico terror. Ésta es la mayor putada que le puede pasar a cualquier interinucho que llega de novatillo a un centro. Intenté salvar esto como pude, pero en el centro no gustó que el día del examen final, al que se presentaron alumnos que yo no conocía, yo les pidiera el DNI para confirmar su identidad. A mí en algunos exámenes me pedían el DNI profesores que me habían visto en clase día sí y día también y sabían quién era yo perfectamente, y no por eso ponía el grito en el cielo. De hecho, me parece lo más justo y lo más normal. De la selectividad ni hablamos.
Éste fue uno de mis primeros "encontronazos", así que os podéis figurar cómo se avecinaba el 2º cuatrimestre... Al menos me lo pude preparar, que no es poco. Entre todos los grupos que me tocaron, tuve el placer de impartir un 4º de ESPA a unos alumnos maravillosos. ¿Todos? ¡No! Todos no... Siempre hay una oveja negra... Era una clase MUY heterogénea, y cuando digo "muy" quiero decir "muy mucho", pero todos nos llevábamos bien. Voy a procurar no dar muchos datos, porque Menorca para estas cosas es un pueblo y "nos" conocemos todos... Así pues, la alumna en cuestión -cuya situación no voy a relatar- se va pasar a llamar oficialmente "Oveja Negra", ON de ahora en adelante.
Clase de sociolingüística a finales del mes de marzo: el origen de las lenguas, la situación del Español en el mundo y las lenguas de España.
Profesora: Bueno, como el otro día ya vimos las principales variedades del español y dónde se ubican en el mapa, hoy nos vamos a quedar en casa. Supongo que todos sabéis cuáles son las lenguas oficiales de España, ¿verdad?
Alumnos: Sí, claro.
Profesora: ¿Alguien sabe si se habla alguna otra lengua?
Alumnos: El bable, la fabla... (si es que eran muy buenos, yo os lo digo).
Profesora: Como del castellano ya hemos hablado, voy a empezar por el Euskera y dejaré el gallego y el catalán para después. ¿Sabéis dónde se habla?
Alumnos: En el País Vasco.
Profesora: ¿Sólo? A ver, mirad el mapa y pensad...
Alumnos: Navarra.
Profesora: ¡Bingo! ¿Y fuera de España?
Alumnos: ¡Pues como no sea en Francia!
Profesora: ¡Efectivamente! En la zona de Francia más cercana a España y que limita con el País Vasco. Ahora viene lo difícil. ¿Alguien entiende el Euskera?
Alumnos: ¡Eso no lo entiende nadie!
Profesora: ¿Seguro?
Alumnos: Bueno, entre ellos sí, pero es muy diferente al castellano o al catalán. A un gallego cuando habla en gallego más o menos se le entiende, como a un francés o a un italiano.
Profesora: Así, es, ¿y eso por qué? ¿De qué lengua ya sabemos que NO deriva?
Alumnos: No viene del latín. No es romance.
Profesora: Efectivamente, lo habéis acertado. Pero el ruso tampoco es una lengua romance, pero sí hay otros idiomas que se le parecen...
Alumnos: Es que el vasco es raro.
Profesora: ¿Raro?
Alumnos: Bueno, raro, raro, no; es diferente a todas las lenguas (yo os lo digo, eran muy buenos).
Profesora: Sí, es una lengua aislada. Ya se encontraba en la Península Ibérica mucho antes de que llegaran los romanos y no se le conoce ninguna lengua con la que esté emparentada. Además, se cree que puede ser una de las lenguas más antiguas de Europa. Aunque no tiene una historia de la literatura extensa (como sí la tienen el castellano o el catalán), su uso nunca se ha interrumpido. Eso sí, es una lengua que puede tender a desaparecer precisamente por su diferencia con sus vecinas, el castellano y el francés, aunque también adopta de éstas -principalmente del castellano- muchas palabras. Ni siquiera es una lengua indoeuropea, es una lengua aislada. No tiene alrededor ningún idioma que se le parezca. ¿Entendéis este concepto?
Alumnos: Sí, profe.
Profesora: Estupendo, entonces, ahora... (interrupción de Oveja Negra. Nervios en el aula, que se la vienen venir...)
Oveja Negra: Perdona que te interrumpa, Isabel, pero esto no es así.
Yo, al borde de un ataque de nervios: Ah, ¿no? ¿Y entonces? ¿Conoces algún estudio más moderno?
ON: Es que esto no es así.
Yo: Bueno, en cualquier caso, como yo soy la profesora, creo que tengo cierta autoridad académica como para poder elegir los contenidos de la asignatura (dentro del currículum) y en qué manera os los hago llegar. Yo os ofrezco la teoría más aceptada a un nivel que crea que os pueda resultar sencillo. (Aquí temía una arenga pseudolingüística en la que me dijera que el vasco es un dialecto del español, pero ¿afortunadamente? no fue así). En cualquier caso, si nos quieres decir lo que piensas, adelante. (Craso error).
ON: El vasco sí que es una lengua muy antigua, pero es tan antigua porque ya la conocían los antiguos mayas porque se la transmitieron los contactos con los extraterrestes y después la hicieron llegar hasta aquí.
Yo (y toda la clase): Gri, gri, gri...
Se produjo un incomodísimo silencio, en el que no sabía si partirme de la risa o enervarme. Miré las caras de mis alumnos, cuyos ojos me decían a gritos "está loca, déjala", y me armé de valor, así que contesté: "Muy bien, Oveja Negra, esta es tu teoría, pero en clase vamos a estudiar y a dar como buena la que yo os he explicado antes, ¿de acuerdo, chicos?"
Menos mal que todos me apoyaron, porque esta situación fue muy, muy, muy friki. Os juro que esta respuesta es verdad y es textual, porque me quedó garabada a fuego. No sólo lo recuerdo por las miles de veces que lo he contado `para echarnos unas risas sobre lo surrealista del caso, sino porque también trajo cola...
Resulta que la susodicha Oveja Negra se presentó en el despacho de dirección para soltar sobre mí una retahíla de mentiras. Entre todo lo que dijo solamente había dos verdades que, gusten o no, forman parte de mi manera de dar clases y son totalmente legales; además, estos dos aspectos me los habían solicitado explicitamente dos alumnos diferentes del grupo, así que... A mi plin.
Lo peor no es que se fuera a dirección, lo peor de todo es que allí le dieron crédito y aceptaron todo lo que decía a pies juntillas. A fin de cuentas, ella tenía razón y yo no. Mi cara fue de circunstancias cuando me lo comunicaron al llamarme a una reunión. Fui rebatiendo una a una las cosas, pero claro, era su palabra contra la mía, y a mí no me iban a dar la razón. Eso me dio aún más rabia, no porque no me dieran la razón, porque es algo subjetivo, sino porque no se dignaron a investigar si lo que decía la alumna era cierto: Nadie vino a ver mis clases, nadie consultó a los demás alumnos, nadie consultó el expediente de la alumna en cuestión.
Huelga decir que "Oveja Negra" vivía en una situación social desvaforable y había tenido una vida no muy común, rasgos que se unían a un severo trastorno psiquiátrico. Así que ya sabéis, como los locos y los niños siempre tienen la razón (o así lo creyeron en el centro), el vasco o euskera proviene de los extraterrestres que nos lo hicieron llegar a través de los antiguos mayas. Ah, y cualquier cosa difamatoria que diga un alumno sobre cualquier profesor es cierta sólo por el mero hecho de haberlo dicho. La versión del profesor no cuenta, porque a fin de cuentas, ¿para qué estamos aquí? ¡Si ni siquiera sabemos que el euskera es la lingua franca interplanetaria!
¿Por qué no me gustó trabajar en la escuela de adultos? Elementos administrativos y organizativos a parte, debo decir que la calidad humana de todos los que fueron mis compañeros es excelente, aunque a veces discrepábamos en aspectos básicos de la enseñanza. No por ser adulto un alumno directamente tiene razón, además, a mi juicio, jamás se debe quitar la "autoridad" al profesor, jamás (excepto causa de fuerza mayor). Para no aburriros con lo que yo pienso de ESPA y de la regulación de los CEPAs (que pondría fino a más de uno, oiga), os voy a contar una de las primeras anécdotas que me sucedieron y que he titulado "Los vascos y los extraterrestres".
El primer año que llegué al CEPA, junto con mi inexperiencia fuera de Mallorca, me llevé todo lo que ya había aprendido dando clases a adultos durante 4 meses (esto os lo contaré otro día). Como allí se funciona por cuatrimestres, me encontré con que tenía que dar una semana de clases y evaluar a los alumnos. TERROR. Auténtico terror. Ésta es la mayor putada que le puede pasar a cualquier interinucho que llega de novatillo a un centro. Intenté salvar esto como pude, pero en el centro no gustó que el día del examen final, al que se presentaron alumnos que yo no conocía, yo les pidiera el DNI para confirmar su identidad. A mí en algunos exámenes me pedían el DNI profesores que me habían visto en clase día sí y día también y sabían quién era yo perfectamente, y no por eso ponía el grito en el cielo. De hecho, me parece lo más justo y lo más normal. De la selectividad ni hablamos.
Éste fue uno de mis primeros "encontronazos", así que os podéis figurar cómo se avecinaba el 2º cuatrimestre... Al menos me lo pude preparar, que no es poco. Entre todos los grupos que me tocaron, tuve el placer de impartir un 4º de ESPA a unos alumnos maravillosos. ¿Todos? ¡No! Todos no... Siempre hay una oveja negra... Era una clase MUY heterogénea, y cuando digo "muy" quiero decir "muy mucho", pero todos nos llevábamos bien. Voy a procurar no dar muchos datos, porque Menorca para estas cosas es un pueblo y "nos" conocemos todos... Así pues, la alumna en cuestión -cuya situación no voy a relatar- se va pasar a llamar oficialmente "Oveja Negra", ON de ahora en adelante.
Clase de sociolingüística a finales del mes de marzo: el origen de las lenguas, la situación del Español en el mundo y las lenguas de España.
Profesora: Bueno, como el otro día ya vimos las principales variedades del español y dónde se ubican en el mapa, hoy nos vamos a quedar en casa. Supongo que todos sabéis cuáles son las lenguas oficiales de España, ¿verdad?
Alumnos: Sí, claro.
Profesora: ¿Alguien sabe si se habla alguna otra lengua?
Alumnos: El bable, la fabla... (si es que eran muy buenos, yo os lo digo).
Profesora: Como del castellano ya hemos hablado, voy a empezar por el Euskera y dejaré el gallego y el catalán para después. ¿Sabéis dónde se habla?
Alumnos: En el País Vasco.
Profesora: ¿Sólo? A ver, mirad el mapa y pensad...
Alumnos: Navarra.
Profesora: ¡Bingo! ¿Y fuera de España?
Alumnos: ¡Pues como no sea en Francia!
Profesora: ¡Efectivamente! En la zona de Francia más cercana a España y que limita con el País Vasco. Ahora viene lo difícil. ¿Alguien entiende el Euskera?
Alumnos: ¡Eso no lo entiende nadie!
Profesora: ¿Seguro?
Alumnos: Bueno, entre ellos sí, pero es muy diferente al castellano o al catalán. A un gallego cuando habla en gallego más o menos se le entiende, como a un francés o a un italiano.
Profesora: Así, es, ¿y eso por qué? ¿De qué lengua ya sabemos que NO deriva?
Alumnos: No viene del latín. No es romance.
Profesora: Efectivamente, lo habéis acertado. Pero el ruso tampoco es una lengua romance, pero sí hay otros idiomas que se le parecen...
Alumnos: Es que el vasco es raro.
Profesora: ¿Raro?
Alumnos: Bueno, raro, raro, no; es diferente a todas las lenguas (yo os lo digo, eran muy buenos).
Profesora: Sí, es una lengua aislada. Ya se encontraba en la Península Ibérica mucho antes de que llegaran los romanos y no se le conoce ninguna lengua con la que esté emparentada. Además, se cree que puede ser una de las lenguas más antiguas de Europa. Aunque no tiene una historia de la literatura extensa (como sí la tienen el castellano o el catalán), su uso nunca se ha interrumpido. Eso sí, es una lengua que puede tender a desaparecer precisamente por su diferencia con sus vecinas, el castellano y el francés, aunque también adopta de éstas -principalmente del castellano- muchas palabras. Ni siquiera es una lengua indoeuropea, es una lengua aislada. No tiene alrededor ningún idioma que se le parezca. ¿Entendéis este concepto?
Alumnos: Sí, profe.
Profesora: Estupendo, entonces, ahora... (interrupción de Oveja Negra. Nervios en el aula, que se la vienen venir...)
Oveja Negra: Perdona que te interrumpa, Isabel, pero esto no es así.
Yo, al borde de un ataque de nervios: Ah, ¿no? ¿Y entonces? ¿Conoces algún estudio más moderno?
ON: Es que esto no es así.
Yo: Bueno, en cualquier caso, como yo soy la profesora, creo que tengo cierta autoridad académica como para poder elegir los contenidos de la asignatura (dentro del currículum) y en qué manera os los hago llegar. Yo os ofrezco la teoría más aceptada a un nivel que crea que os pueda resultar sencillo. (Aquí temía una arenga pseudolingüística en la que me dijera que el vasco es un dialecto del español, pero ¿afortunadamente? no fue así). En cualquier caso, si nos quieres decir lo que piensas, adelante. (Craso error).
ON: El vasco sí que es una lengua muy antigua, pero es tan antigua porque ya la conocían los antiguos mayas porque se la transmitieron los contactos con los extraterrestes y después la hicieron llegar hasta aquí.
Yo (y toda la clase): Gri, gri, gri...
Se produjo un incomodísimo silencio, en el que no sabía si partirme de la risa o enervarme. Miré las caras de mis alumnos, cuyos ojos me decían a gritos "está loca, déjala", y me armé de valor, así que contesté: "Muy bien, Oveja Negra, esta es tu teoría, pero en clase vamos a estudiar y a dar como buena la que yo os he explicado antes, ¿de acuerdo, chicos?"
Menos mal que todos me apoyaron, porque esta situación fue muy, muy, muy friki. Os juro que esta respuesta es verdad y es textual, porque me quedó garabada a fuego. No sólo lo recuerdo por las miles de veces que lo he contado `para echarnos unas risas sobre lo surrealista del caso, sino porque también trajo cola...
Resulta que la susodicha Oveja Negra se presentó en el despacho de dirección para soltar sobre mí una retahíla de mentiras. Entre todo lo que dijo solamente había dos verdades que, gusten o no, forman parte de mi manera de dar clases y son totalmente legales; además, estos dos aspectos me los habían solicitado explicitamente dos alumnos diferentes del grupo, así que... A mi plin.
Lo peor no es que se fuera a dirección, lo peor de todo es que allí le dieron crédito y aceptaron todo lo que decía a pies juntillas. A fin de cuentas, ella tenía razón y yo no. Mi cara fue de circunstancias cuando me lo comunicaron al llamarme a una reunión. Fui rebatiendo una a una las cosas, pero claro, era su palabra contra la mía, y a mí no me iban a dar la razón. Eso me dio aún más rabia, no porque no me dieran la razón, porque es algo subjetivo, sino porque no se dignaron a investigar si lo que decía la alumna era cierto: Nadie vino a ver mis clases, nadie consultó a los demás alumnos, nadie consultó el expediente de la alumna en cuestión.
Huelga decir que "Oveja Negra" vivía en una situación social desvaforable y había tenido una vida no muy común, rasgos que se unían a un severo trastorno psiquiátrico. Así que ya sabéis, como los locos y los niños siempre tienen la razón (o así lo creyeron en el centro), el vasco o euskera proviene de los extraterrestres que nos lo hicieron llegar a través de los antiguos mayas. Ah, y cualquier cosa difamatoria que diga un alumno sobre cualquier profesor es cierta sólo por el mero hecho de haberlo dicho. La versión del profesor no cuenta, porque a fin de cuentas, ¿para qué estamos aquí? ¡Si ni siquiera sabemos que el euskera es la lingua franca interplanetaria!
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domingo, 11 de noviembre de 2012
De la oratoria: entender y tratar el TDAH y motivar al alumnado
De acuerdo, este título carece completamente de sentido -a primera vista- y es un poco ambiguo. Hace dos semanas tuve el placer de escuchar dos fabulosas conferencias. No sólo eran fabulosas por su temática, sino también por el dominio de la oratoria de los ponentes. No se limitaban a leer o a presentar estudios, ni siquiera a hacer reflexiones con ciertos toques de humor. No. Ellos interactuaban con el auditorio, y lo hacían de una manera tan emotiva, tan profunda, tan hermosa, tan expresiva, que al final los aplausos parecían no cesar.
La primera conferencia la presentó Javier Bahón* e iba sobre cómo motivar al profesorado para que éste a su vez pueda motivar a los alumnos. Parece una chorrada, pero es obvio que si alguien no está feliz con lo que hace difícilmente va a contagiar entusiasmo por lo que hace o por lo que enseña. Así de claro. Si estás amargado sólo conseguirás amargar a los alumnos, y esto os lo digo por propia experiencia. Os aseguro que cuando llego (mejor dicho, "llegaba") a clase a las 8 de la mañana con energía, sonriente y con ganas de trabajar los alumnos, aunque soñolientos, responden. Cuando entraba en una clase con pocas ganas, todo se desmoronaba automáticamente. Son cosas que el cuerpo no puede controlar, pero se pueden intentar reeducar (aunque a veces es imposible al 100%).
Os volveré a hablar de esta ponencia en otro post que se titulará "No me juzgues", pero sí que quiero remarcar aquí lo importante que es vivir el momento, disfrutar con lo que uno hace, sentirse respaldado por un equipo de profesorado y por un equipo directivo (esto último muy importante), sentirse valorado, no ser víctima de prejuicios, etc.
Ya os hablé en la entrada anterior -sobre lengua y lenguaje- lo importante que es la comunicación en todas sus dimensiones, y es por eso por lo que una de mis premisas para aprobar la optativa de Procesos de Comunicación era sonreír y ser buenos con los compañeros. Alucinaríais de ver el cambio que experimentaron esos alumnos personal y académicamente a lo largo del curso. Pasaron de ser bestias pardas y alumnos con muchas reticencias a trabajar y a convivir y aprender en un entorno tranquilo a ser personitas que eran capaces de autoregularse, de concentrarse, de trabajar y de valorar su esfuerzo y, sobre todo, de pasárselo bien, de reír, de disfrutar, de hacer bromas, de hablar, de preguntar todo tipo de dudas -y me refiero a "todo tipo" de dudas-, de disfrutar de estar juntos y de aprender cosas nuevas sin darse cuenta. ¿Tal vez porque no tenían la presión del examen? Puede ser... Pero os aseguro que aprendieron mil, leyeron libros e hicieron mogollón de trabajos... (los exploté un poco, pero no se daban cuenta, jejejejeje). En definitiva, les apetecía venir a clase (0% absentismo), disfrutaban, eran parte de un colectivo y sabían que si fallaba uno, fallaba todo, porque todos y cada uno eran imprescindibles, un eslabón de una gran cadena de aprendizaje. Me diréis que esto es muy bonito, y sí, lo es, especialmente cuando dos nenas maravillosas te dicen a final de curso que no quieren que te vayas... (Señor Bosch, ¿esto se lo dicen las langostas de Cabrera a las que acosa haciendo submarinismo con dinero público?).
¿Por qué me funcionaba esa clase y otras no? Porque a esa clase yo iba con muchísimas ganas, iba a "jugar" con la lengua, a estar con ellos, a escucharlos, a solucionar problemas, a crear proyectos, a reír, a ver películas y a debatirlas después. Iba motivada, y eso, directa o indirectamente, motivaba a mis chiquimonsters. Más majos ellos... ¡Ay, cuánto los echo de menos!
Otro factor muy importante dentro de la educación -y de la vida en general- que está íntimamente ligado a la motivación es la empatía, ponerse en el lugar del otro, ver con ojos ajenos la misma situación que uno experimenta. En la conferencia sobre TDAH (Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad) la ponente, Isabel Chávez**, de la Fundación Adana, nos hizo ponernos en el lugar de los alumnos con esa dificultad específica. Puede que imitar a un niño con TDAH nos haga gracia al principio, pero cuando analizamos la situación con frialdad nos damos cuenta de lo frustrados que pueden llegar a sentirse por su "limitación". Nuestra función será, pues, transformar esa limitación en una oportunidad: fomentar sus habilidades y no echar caso de los defectos. Poco a poco las primeras irán ganando terreno a los segundos.
No podemos matar moscas a cañonazos, del mismo modo no podemos tratar a un TDAH como al alumno con Síndrome de Asperger, como al de Altas Capacidades o como al de escolaridad ordinaria. Todos son diferentes y todos precisan atenciones especializadas. Pero por favor, no corramos el riesgo de creer que eso se palía sólo con una unidad didáctica adaptada, no seamos tan simplistas. A veces las mejores adaptaciones son las emocionales: suelen ser las más efectivas y las más duraderas.
Nos hartamos de hablar de competencias básicas, ¿pero acaso no es más importante que nuestros alumnos sean felices y sean "aptos" para la vida en sociedad que el hecho de que aprueben o suspendan, o tengan tal o cual dificultad? A todos los papás de la tutoría del año pasado -tuve la suerte de poder trabajar con 21 familias absolutamente colaboradoras y maravillosas- siempre les decía que si sus hijos eran buenos, cariñosos y les respetaban, no dieran tanta importancia a las notas, que seguro que iban a ser gente de bien y tarde o temprano los resultados llegarían, fueran en forma de notas o en forma de proyectos, trabajos, etc. El "problema" hubiera sido que algunos de mis alumnos hubieran tenido, además de fracaso escolar -en pocos casos-, fracaso familiar y social, algo que, lamentablemente, suele ir unido. Ellos tuvieron la suerte de cara, y la mayoría tuvieron un éxito personal más que suficiente para que éste les reportara éxito académico (y no al revés)***.
*Este vídeo es de otra conferencia, pero es igual de interesante.
** Cuando acabe esta serie de posts, o cuando tenga tiempo, que viene a ser más o menos lo mismo, os pondré la foto de algunas de las diapositivas que ella presentó. Un montón de ideas fabulosas, por cierto.
**Por cierto, los que no lograron pasar de curso siguen igual de felices, puesto que todo fue culpa de un amor adolescente... Oh, l'amour!
La primera conferencia la presentó Javier Bahón* e iba sobre cómo motivar al profesorado para que éste a su vez pueda motivar a los alumnos. Parece una chorrada, pero es obvio que si alguien no está feliz con lo que hace difícilmente va a contagiar entusiasmo por lo que hace o por lo que enseña. Así de claro. Si estás amargado sólo conseguirás amargar a los alumnos, y esto os lo digo por propia experiencia. Os aseguro que cuando llego (mejor dicho, "llegaba") a clase a las 8 de la mañana con energía, sonriente y con ganas de trabajar los alumnos, aunque soñolientos, responden. Cuando entraba en una clase con pocas ganas, todo se desmoronaba automáticamente. Son cosas que el cuerpo no puede controlar, pero se pueden intentar reeducar (aunque a veces es imposible al 100%).
Os volveré a hablar de esta ponencia en otro post que se titulará "No me juzgues", pero sí que quiero remarcar aquí lo importante que es vivir el momento, disfrutar con lo que uno hace, sentirse respaldado por un equipo de profesorado y por un equipo directivo (esto último muy importante), sentirse valorado, no ser víctima de prejuicios, etc.
Ya os hablé en la entrada anterior -sobre lengua y lenguaje- lo importante que es la comunicación en todas sus dimensiones, y es por eso por lo que una de mis premisas para aprobar la optativa de Procesos de Comunicación era sonreír y ser buenos con los compañeros. Alucinaríais de ver el cambio que experimentaron esos alumnos personal y académicamente a lo largo del curso. Pasaron de ser bestias pardas y alumnos con muchas reticencias a trabajar y a convivir y aprender en un entorno tranquilo a ser personitas que eran capaces de autoregularse, de concentrarse, de trabajar y de valorar su esfuerzo y, sobre todo, de pasárselo bien, de reír, de disfrutar, de hacer bromas, de hablar, de preguntar todo tipo de dudas -y me refiero a "todo tipo" de dudas-, de disfrutar de estar juntos y de aprender cosas nuevas sin darse cuenta. ¿Tal vez porque no tenían la presión del examen? Puede ser... Pero os aseguro que aprendieron mil, leyeron libros e hicieron mogollón de trabajos... (los exploté un poco, pero no se daban cuenta, jejejejeje). En definitiva, les apetecía venir a clase (0% absentismo), disfrutaban, eran parte de un colectivo y sabían que si fallaba uno, fallaba todo, porque todos y cada uno eran imprescindibles, un eslabón de una gran cadena de aprendizaje. Me diréis que esto es muy bonito, y sí, lo es, especialmente cuando dos nenas maravillosas te dicen a final de curso que no quieren que te vayas... (Señor Bosch, ¿esto se lo dicen las langostas de Cabrera a las que acosa haciendo submarinismo con dinero público?).
¿Por qué me funcionaba esa clase y otras no? Porque a esa clase yo iba con muchísimas ganas, iba a "jugar" con la lengua, a estar con ellos, a escucharlos, a solucionar problemas, a crear proyectos, a reír, a ver películas y a debatirlas después. Iba motivada, y eso, directa o indirectamente, motivaba a mis chiquimonsters. Más majos ellos... ¡Ay, cuánto los echo de menos!
Otro factor muy importante dentro de la educación -y de la vida en general- que está íntimamente ligado a la motivación es la empatía, ponerse en el lugar del otro, ver con ojos ajenos la misma situación que uno experimenta. En la conferencia sobre TDAH (Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad) la ponente, Isabel Chávez**, de la Fundación Adana, nos hizo ponernos en el lugar de los alumnos con esa dificultad específica. Puede que imitar a un niño con TDAH nos haga gracia al principio, pero cuando analizamos la situación con frialdad nos damos cuenta de lo frustrados que pueden llegar a sentirse por su "limitación". Nuestra función será, pues, transformar esa limitación en una oportunidad: fomentar sus habilidades y no echar caso de los defectos. Poco a poco las primeras irán ganando terreno a los segundos.
No podemos matar moscas a cañonazos, del mismo modo no podemos tratar a un TDAH como al alumno con Síndrome de Asperger, como al de Altas Capacidades o como al de escolaridad ordinaria. Todos son diferentes y todos precisan atenciones especializadas. Pero por favor, no corramos el riesgo de creer que eso se palía sólo con una unidad didáctica adaptada, no seamos tan simplistas. A veces las mejores adaptaciones son las emocionales: suelen ser las más efectivas y las más duraderas.
Nos hartamos de hablar de competencias básicas, ¿pero acaso no es más importante que nuestros alumnos sean felices y sean "aptos" para la vida en sociedad que el hecho de que aprueben o suspendan, o tengan tal o cual dificultad? A todos los papás de la tutoría del año pasado -tuve la suerte de poder trabajar con 21 familias absolutamente colaboradoras y maravillosas- siempre les decía que si sus hijos eran buenos, cariñosos y les respetaban, no dieran tanta importancia a las notas, que seguro que iban a ser gente de bien y tarde o temprano los resultados llegarían, fueran en forma de notas o en forma de proyectos, trabajos, etc. El "problema" hubiera sido que algunos de mis alumnos hubieran tenido, además de fracaso escolar -en pocos casos-, fracaso familiar y social, algo que, lamentablemente, suele ir unido. Ellos tuvieron la suerte de cara, y la mayoría tuvieron un éxito personal más que suficiente para que éste les reportara éxito académico (y no al revés)***.
*Este vídeo es de otra conferencia, pero es igual de interesante.
** Cuando acabe esta serie de posts, o cuando tenga tiempo, que viene a ser más o menos lo mismo, os pondré la foto de algunas de las diapositivas que ella presentó. Un montón de ideas fabulosas, por cierto.
**Por cierto, los que no lograron pasar de curso siguen igual de felices, puesto que todo fue culpa de un amor adolescente... Oh, l'amour!
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martes, 14 de febrero de 2012
Suspensión de actividades lectivas
Probablemente el IES Cap de Llevant sea, de lejos, uno de los mejores centros en los que he trabajado por lo que a su infraestructura se refiere. Es un instituto que tiene 17 años y, por tanto, seguramente uno de los más nuevos de Baleares. Claro, qué voy a decir yo, que cuando trabajaba en adultos iba de la Ceca a la Meca, de un centro a otro, hiciera frío, viento, lloviera o nevara, y que daba clases en un húmedo sótano en el que más de una vez alumnos y profesores se quedaron encerrados.
Cierto, mi cole actual, en general, está muy bien, sólo tiene una pega: su aislamiento y aclimatación. No es normal que la tramontana corra por los pasillos, que se formen remolinos en las esquinas y que, en muchas clases, el silbido del mismo viento haga que nos volvamos todos locos. Eso por una parte.
Por otra parte, tenemos un sistema de calefacción monumental, pero con una caldera de mierda, y perdón por la expresión. Tras las recientes obras, lo dejaron todo a medio instalar y nunca ha funcionado como toca. Dinero público derrochado, al menos, hasta que se arregle el sistema, se cambie la caldera y se ponga todo a punto.
Por si alguien lo dudaba, en Menorca hace frío, MUCHO FRÍO, y mucho viento del norte. Y el instituto no se llama Cap de Llevant por casualidad... Este año, con las temperaturas tan bajas que hemos padecido, la cosa se ha recrudecido aún más. Tenemos termómetros en todas las clases y os puedo asegurar que éstos han marcado, durante muchas horas, de 5 a 7 grados. Imaginaros a 25 o 30 nenes, sentaditos, con tanto frío, y a los profesores, dando clase, en semejantes condiciones.
Caímos todos como moscas: Primero fueron los alumnos, y las clases empezaron a vaciarse, después fueron los profesores, y no bastaron los profesores de guardia y llegaron a tocar a uno para seis grupos. Por todo ello, y hartos ya de la situación, hoy los alumnos se nos han amotinado.
Sabían que el centro ya había propuesto la suspensión de actividades lectivas durante los días en los que más arreciara el temporal de lluvia, viento, nieve y granizo, así que la Consejería, tras negarse a ello, rauda y veloz nos ha mandado a una Directora General para comprobar "in situ" que el frío es real. No voy a hacer ningún comentario al respecto. Sinceramente, en vez de pagar su billete, mejor si pagan el del técnico y nos ahorramos tanta tontería. Pues bien, esta señora iba a llegar al centro a la 1 (claro, a las 8 de la mañana hace mucho frío, no te jo...).
Los alumnos, a quienes tras el frío glacial de las primeras horas se les ha explicado la situación, no sabemos en qué momento se han organizado y han tomado medidas. Sí, sí, oís bien: ¡¡¡alumnos organizados!!! ¡¡¡Alumnos de ESO!!! Imagino que lo habrán hecho durante el primer patio, sobre las once. Y cómo no, no se les ha olvidado llamar a la prensa (algunos papás trabajan en los medios más relevantes de la isla, y aquí todos nos conocemos).
Cuando ha sonado el timbre del segundo patio, han salido todos cual manada de ñus (de esto ya hablé en algún que otro post) y se han amotinado en el vestíbulo del centro. Imaginad más de 800 alumnos colapsando escaleras, pasillos... Pues no, no ha sido un caos. Los profesores "flipábamos". Los alumnos se portaban bien, estaban en orden y reclamaban de una manera pacífica una cosa justa. ¿Y es que tal vez, y sólo tal vez, hayan aprendido algo de todas esas charlas de los profesores sobre la democracia, la lucha social, etc.?
La situación que se ha dado cuando ha sonado el timbre de finalización del patio ha sido muy cómica: Cada profesor en su aula, a punto de empezar la clase, pero sin alumnos. Ante nuestro desconcierto hemos decidido turnarnos -de una manera implícita, no ha hecho falta decir nada, todo el mundo sabe cuál es su función- para vigilar el pasillo y las clases, por si alguien venia, pero hemos ido bajando/vigilando donde estaban los alumnos. Los compañeros de guardia y que tenían reuniones ya estaban allí, atónitos, sin dar crédito a la situación. Los chavales, pese al "mogollón" que se ha formado, se portaban bien, no daban problemas y actuaban con cabeza. No sé si no dábamos crédito a su capacidad de organización o a su buena conducta. xD
No me imagino la cara que habrá puesto la Directora General al encontrarse esto a las puertas del centro: alumnos con manta, con pancartas que aún debían oler a pintura, profesores con el ojo avizor a los posibles "elementos subversivos". Aún así, la protesta debe de haber surtido efecto, puesto que han accedido a suspender las actividades lectivas durante los próximos tres días para los alumnos de ESO, 1º de Bachillerato y PQPI. Los demás alumnos (FP y 2º de Bachillerato) deberán acudir con normalidad al centro y serán reubicados en las aulas más cálidas (sólo son 10 de 50): aquellas que tienen más solecito o las que están mejor aisladas. Los profesores también deberemos acudir con normalidad al centro según nuestro horario personal. Yo ya tengo allí mi manta, y los demás van a hacer lo mismo, que tenemos frío, pero no somos tontos.
Aquí os dejo el vídeo de IB3 Notícies en el que podéis comprobar la situación, pinchad en el enlace:
http://ib3noticies.com/20120214_177210-tres-dies-sense-anar-a-classe-per-culpa-del-fred.html
Y ésta es la noticia del Diario Menorca
http://www.menorca.info/menorca/454895/cap/llevant/suspende/clases/tres/dias/frio
Cierto, mi cole actual, en general, está muy bien, sólo tiene una pega: su aislamiento y aclimatación. No es normal que la tramontana corra por los pasillos, que se formen remolinos en las esquinas y que, en muchas clases, el silbido del mismo viento haga que nos volvamos todos locos. Eso por una parte.
Por otra parte, tenemos un sistema de calefacción monumental, pero con una caldera de mierda, y perdón por la expresión. Tras las recientes obras, lo dejaron todo a medio instalar y nunca ha funcionado como toca. Dinero público derrochado, al menos, hasta que se arregle el sistema, se cambie la caldera y se ponga todo a punto.
Por si alguien lo dudaba, en Menorca hace frío, MUCHO FRÍO, y mucho viento del norte. Y el instituto no se llama Cap de Llevant por casualidad... Este año, con las temperaturas tan bajas que hemos padecido, la cosa se ha recrudecido aún más. Tenemos termómetros en todas las clases y os puedo asegurar que éstos han marcado, durante muchas horas, de 5 a 7 grados. Imaginaros a 25 o 30 nenes, sentaditos, con tanto frío, y a los profesores, dando clase, en semejantes condiciones.
Caímos todos como moscas: Primero fueron los alumnos, y las clases empezaron a vaciarse, después fueron los profesores, y no bastaron los profesores de guardia y llegaron a tocar a uno para seis grupos. Por todo ello, y hartos ya de la situación, hoy los alumnos se nos han amotinado.
Sabían que el centro ya había propuesto la suspensión de actividades lectivas durante los días en los que más arreciara el temporal de lluvia, viento, nieve y granizo, así que la Consejería, tras negarse a ello, rauda y veloz nos ha mandado a una Directora General para comprobar "in situ" que el frío es real. No voy a hacer ningún comentario al respecto. Sinceramente, en vez de pagar su billete, mejor si pagan el del técnico y nos ahorramos tanta tontería. Pues bien, esta señora iba a llegar al centro a la 1 (claro, a las 8 de la mañana hace mucho frío, no te jo...).
Los alumnos, a quienes tras el frío glacial de las primeras horas se les ha explicado la situación, no sabemos en qué momento se han organizado y han tomado medidas. Sí, sí, oís bien: ¡¡¡alumnos organizados!!! ¡¡¡Alumnos de ESO!!! Imagino que lo habrán hecho durante el primer patio, sobre las once. Y cómo no, no se les ha olvidado llamar a la prensa (algunos papás trabajan en los medios más relevantes de la isla, y aquí todos nos conocemos).
Cuando ha sonado el timbre del segundo patio, han salido todos cual manada de ñus (de esto ya hablé en algún que otro post) y se han amotinado en el vestíbulo del centro. Imaginad más de 800 alumnos colapsando escaleras, pasillos... Pues no, no ha sido un caos. Los profesores "flipábamos". Los alumnos se portaban bien, estaban en orden y reclamaban de una manera pacífica una cosa justa. ¿Y es que tal vez, y sólo tal vez, hayan aprendido algo de todas esas charlas de los profesores sobre la democracia, la lucha social, etc.?
La situación que se ha dado cuando ha sonado el timbre de finalización del patio ha sido muy cómica: Cada profesor en su aula, a punto de empezar la clase, pero sin alumnos. Ante nuestro desconcierto hemos decidido turnarnos -de una manera implícita, no ha hecho falta decir nada, todo el mundo sabe cuál es su función- para vigilar el pasillo y las clases, por si alguien venia, pero hemos ido bajando/vigilando donde estaban los alumnos. Los compañeros de guardia y que tenían reuniones ya estaban allí, atónitos, sin dar crédito a la situación. Los chavales, pese al "mogollón" que se ha formado, se portaban bien, no daban problemas y actuaban con cabeza. No sé si no dábamos crédito a su capacidad de organización o a su buena conducta. xD
No me imagino la cara que habrá puesto la Directora General al encontrarse esto a las puertas del centro: alumnos con manta, con pancartas que aún debían oler a pintura, profesores con el ojo avizor a los posibles "elementos subversivos". Aún así, la protesta debe de haber surtido efecto, puesto que han accedido a suspender las actividades lectivas durante los próximos tres días para los alumnos de ESO, 1º de Bachillerato y PQPI. Los demás alumnos (FP y 2º de Bachillerato) deberán acudir con normalidad al centro y serán reubicados en las aulas más cálidas (sólo son 10 de 50): aquellas que tienen más solecito o las que están mejor aisladas. Los profesores también deberemos acudir con normalidad al centro según nuestro horario personal. Yo ya tengo allí mi manta, y los demás van a hacer lo mismo, que tenemos frío, pero no somos tontos.
Aquí os dejo el vídeo de IB3 Notícies en el que podéis comprobar la situación, pinchad en el enlace:
http://ib3noticies.com/20120214_177210-tres-dies-sense-anar-a-classe-per-culpa-del-fred.html
Y ésta es la noticia del Diario Menorca
http://www.menorca.info/menorca/454895/cap/llevant/suspende/clases/tres/dias/frio
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domingo, 22 de enero de 2012
Ab initio
Sí, lo sé, tal vez el título debería ser "Ab initio magistrae", pero los principios lo son tanto profesionales como personales, así que he optado por la opción que os aparece. Casi todos los días me acuerdo de cómo empecé mi trayectoria como profesora de la Conselleria d'Educació i Cultura de les Illes Balears. Antes ya había hecho mis pinitos como profesora de ELE (Español como Lengua Extranjera) y como profesora de repaso de 1º y 2º de bachillerato, pero no como profesora a tiempo completo.
La llamada llegó el 29 de septiembre de 2009, mientras estaba trabajando en el despacho de la Dra. Rallo, en la UIB. A Lucrecia, mi profe y mi jefa, y un amor de persona, siempre le sorprendía que, teniendo ante mí opciones de seguir estudiando el máster/doctorado y tener una beca de investigación más o menos estable, deseara y prefiriera irme a dar clases a un instituto de secundaria, por eso, cuando oyó la llamada, fue la primera que esbozó una sonrisa. Yo estaba temblando, puesto que mi vida iba a dar un cambio radical. Entre la alegría y la tristeza, y la escasez de tiempo para reaccionar, me despedí del proyecto sobre el vocalismo balear en el que estaba inmersa y partí hacia Capità Salom (hoy Alfons el Magnànim) a recoger mi carta de presentación para el nombramiento. Mi nuevo destino era el IES Mossèn Alcover de Manacor.
Hasta aquí todo muy bonito, hecha un manojo de nervios pero muy ilusionada por la tarea que se presentaba ante mí. El día 30 por la mañana mi madre me acompañó a Manacor, a unos 30 km de mi pueblo, ya que debía presentarme en el centro a las 8 de la mañana. Aunque salimos con muchísimo tiempo de sobras, el aguacero que se cernía sobre Mallorca hizo que llegara más bien justita, pero en hora. Nos costó encontrar el centro, pero al final dimos con él. Al bajar del coche lo primero que hice fue dirigirme a conserjería (¡qué sería de los profesores sin las conserjes!), y les dije que era la nueva sustituta de lengua. Sus caritas sonrientes se iluminaron y me recibieron con mucho cariño, y luego me presentaron a la que sería mi compañera, Catalina M. Os reproduzco lo que vino a ser aquel diálogo bajo la lluvia, bajo sendos paraguas, en la entrada de un instituto de planta antigua:
- Hola, som na Isabel, sa substituta de F.V.E. M'han dit que m'he d'adreçar a tu, i bé, aquí estic!
- Què bé!!!!! T'esperàvem!! Què bé que t'hagin enviat tan aviat!! Bé, deus saber què ets cap d'estudis, no?
Mi cara aquí se convirtió en un poema, y Catalina parecía no entender muy bien por qué, puesto que ella permanecía feliz y sonriente ante mí.
- Jo, és que jo... jo és el primer pic que faig feina!
- Idò t'estrenaràs "a lo grande", no et preocupis! Només ets cap d'estudis de primer cicle!
Y tan a lo grande, que me estrené... En un macrocentro de 1200 alumnos cuyas aulas, de lo grande que era el edificio, no llegué a conocer del todo. Creo que esa mañana fui el juguete de todos. Todo el mundo sereía compadecía de mí a la vez que me daban muchos ánimos. El aprendizaje fue forzoso y exprés, pero muy agradable gracias a todos mis compañeros, y muy especialmente de Catalina -que era jefa de estudios adjunta de 2º ciclo-, quien me tenía una paciencia de aúpa. Margalida, otra compañera, en este caso adjunta de bachillerato, con cada palabra mía se asombraba más. Os puedo garantizar que, pese a la cantidad ingente de trabajo a la que nos enfrentábamos, siempre teníamos un momentito para reír.
Quien sí tenía más paciencia que el Santo Job era el Jefe de Estudios General del turno diurno, Tomeu, a quien sorprendían todos mis complementos en rosa y decía que mi bolso era como el de Barbie: móvil rosa, cartera rosa, MP4 rosa, libretita rosa, boli rosa... Nuestra otra Jefa de Estudios, esta vez del turno vespertino, era Josefina, una afable profesora de latín que se encargaba siempre de poner orden y de hacer que las reuniones fueran rápidas. Miquel, el secretario, creo que aún se ríe cada vez que le mencionan mi nombre. También os tengo que hablar de las orientadoras, o, como decíamos, "ses Margalides d'orientació"; creo que en mi vida he visto un Dpto. de Orientación tan organizado, tan estricto, que iba tan al grano y que no toleraba estupideces ni victimismo por parte de los alumnos, eran dos chicas dulcísimas, pero férreas defensoras del esfuerzo personal y de la disciplina para conseguir logros, algo que hoy en día escasea en muchos centros.
Todo el mundo se preguntará el porqué de tantas risas. No es que fuera un poco payasita, que quizá también, sino que en esa breve sustitución de un trimestre se dieron diversas casualidades graciosas:
1. Me llevaba EXACTAMENTE 40 años con la persona a la que sustituía, Francisca, una mujer muy resuelta que me dio varios trucos que he usado siempre y me han ido muy bien. 40 años exactos, de 18 de diciembre a 18 de diciembre.
2. Según dicen las malas lenguas, las dos tenemos un carácter fuerte y somos algo "marimandonas". Tanto es así que me llegaron a preguntar si era su hija, me decían que era su clon y me apodaron "Júnior". Soy de la opinión de que si te encomiendan un trabajo te tienes que comprometer con el al 100%. Es difícil llegar a un lugar nuevo y ponerte a mandar e imponer orden en los alumnos, incluso a veces está mal visto, pero es que, señores, ¡para eso me pagaban!
3. La gente no daba crédito a que una bicheja de 23 años, recién llegada al centro, recién licenciada y con el CAP, novatilla, de metro y medio, llegara y se pusiera a trabajar como si siempre hubiera estado ahí. Pues qué queréis que os diga, a mí no me sorprende nada, es lo que hacen todos los interinos de sustitución cada vez que llegan a un centro.
Como veréis, me he dejado a alguien en el tintero, el capitán del barco, el comandante de la nave: el director. Desafortunadamente Jaume ya no se encuentra con nosotros, y por eso he querido dejar su recuerdo para el final. Jaume era una persona campechana, simpática, amiga de todo el mundo, conciliadora, que se hacía el tonto para captar más información de quienes le rodeaban y poderlos ayudar de la manera más eficiente.
Jaume, detrás de su apariencia de señor mayor de pueblo que no se quería jubilar porque amaba su profesión, escondía una mente privilegiada, un acervo cultural impresionante y una conversación amena y divertida de la que siempre sacabas algo y en la que no sabías si se hacía el tonto o se reía de ti, algo que le encantaba, baste con decir que fue él quien me puso el apodo de "Júnior". Jaume era el director modelo que defendía a sus profesores, adoraba a sus alumnos y disfrutaba de hablar con las entidades que colaboraban con el centro (desde las familias a la Policía Nacional).
Otro día os seguiré hablando de él y de por qué su recuerdo es para mí siempre un aliciente para continuar adelante, pase lo que pase. Seguro que desde donde esté se ríe con cada una de mis meteduras de pata, y espero que también alabe mis aciertos, puesto que para mí, y creo que para todos mis compañeros, él siempre fue un modelo a seguir y en el cual fijarse para no desmoronarnos a lo largo de la carrera docente, con sus alegrías y sus penas. Jaume fue, sobre todo, un modelo de trabajo bien hecho hasta el fin de sus días.
Así amaneció la barrera del instituto tras la muerte del Director, a quienes los alumnos adoraban.
La llamada llegó el 29 de septiembre de 2009, mientras estaba trabajando en el despacho de la Dra. Rallo, en la UIB. A Lucrecia, mi profe y mi jefa, y un amor de persona, siempre le sorprendía que, teniendo ante mí opciones de seguir estudiando el máster/doctorado y tener una beca de investigación más o menos estable, deseara y prefiriera irme a dar clases a un instituto de secundaria, por eso, cuando oyó la llamada, fue la primera que esbozó una sonrisa. Yo estaba temblando, puesto que mi vida iba a dar un cambio radical. Entre la alegría y la tristeza, y la escasez de tiempo para reaccionar, me despedí del proyecto sobre el vocalismo balear en el que estaba inmersa y partí hacia Capità Salom (hoy Alfons el Magnànim) a recoger mi carta de presentación para el nombramiento. Mi nuevo destino era el IES Mossèn Alcover de Manacor.
Hasta aquí todo muy bonito, hecha un manojo de nervios pero muy ilusionada por la tarea que se presentaba ante mí. El día 30 por la mañana mi madre me acompañó a Manacor, a unos 30 km de mi pueblo, ya que debía presentarme en el centro a las 8 de la mañana. Aunque salimos con muchísimo tiempo de sobras, el aguacero que se cernía sobre Mallorca hizo que llegara más bien justita, pero en hora. Nos costó encontrar el centro, pero al final dimos con él. Al bajar del coche lo primero que hice fue dirigirme a conserjería (¡qué sería de los profesores sin las conserjes!), y les dije que era la nueva sustituta de lengua. Sus caritas sonrientes se iluminaron y me recibieron con mucho cariño, y luego me presentaron a la que sería mi compañera, Catalina M. Os reproduzco lo que vino a ser aquel diálogo bajo la lluvia, bajo sendos paraguas, en la entrada de un instituto de planta antigua:
- Hola, som na Isabel, sa substituta de F.V.E. M'han dit que m'he d'adreçar a tu, i bé, aquí estic!
- Què bé!!!!! T'esperàvem!! Què bé que t'hagin enviat tan aviat!! Bé, deus saber què ets cap d'estudis, no?
Mi cara aquí se convirtió en un poema, y Catalina parecía no entender muy bien por qué, puesto que ella permanecía feliz y sonriente ante mí.
- Jo, és que jo... jo és el primer pic que faig feina!
- Idò t'estrenaràs "a lo grande", no et preocupis! Només ets cap d'estudis de primer cicle!
Y tan a lo grande, que me estrené... En un macrocentro de 1200 alumnos cuyas aulas, de lo grande que era el edificio, no llegué a conocer del todo. Creo que esa mañana fui el juguete de todos. Todo el mundo se
Quien sí tenía más paciencia que el Santo Job era el Jefe de Estudios General del turno diurno, Tomeu, a quien sorprendían todos mis complementos en rosa y decía que mi bolso era como el de Barbie: móvil rosa, cartera rosa, MP4 rosa, libretita rosa, boli rosa... Nuestra otra Jefa de Estudios, esta vez del turno vespertino, era Josefina, una afable profesora de latín que se encargaba siempre de poner orden y de hacer que las reuniones fueran rápidas. Miquel, el secretario, creo que aún se ríe cada vez que le mencionan mi nombre. También os tengo que hablar de las orientadoras, o, como decíamos, "ses Margalides d'orientació"; creo que en mi vida he visto un Dpto. de Orientación tan organizado, tan estricto, que iba tan al grano y que no toleraba estupideces ni victimismo por parte de los alumnos, eran dos chicas dulcísimas, pero férreas defensoras del esfuerzo personal y de la disciplina para conseguir logros, algo que hoy en día escasea en muchos centros.
Todo el mundo se preguntará el porqué de tantas risas. No es que fuera un poco payasita, que quizá también, sino que en esa breve sustitución de un trimestre se dieron diversas casualidades graciosas:
1. Me llevaba EXACTAMENTE 40 años con la persona a la que sustituía, Francisca, una mujer muy resuelta que me dio varios trucos que he usado siempre y me han ido muy bien. 40 años exactos, de 18 de diciembre a 18 de diciembre.
2. Según dicen
3. La gente no daba crédito a que una bicheja de 23 años, recién llegada al centro, recién licenciada y con el CAP, novatilla, de metro y medio, llegara y se pusiera a trabajar como si siempre hubiera estado ahí. Pues qué queréis que os diga, a mí no me sorprende nada, es lo que hacen todos los interinos de sustitución cada vez que llegan a un centro.
Como veréis, me he dejado a alguien en el tintero, el capitán del barco, el comandante de la nave: el director. Desafortunadamente Jaume ya no se encuentra con nosotros, y por eso he querido dejar su recuerdo para el final. Jaume era una persona campechana, simpática, amiga de todo el mundo, conciliadora, que se hacía el tonto para captar más información de quienes le rodeaban y poderlos ayudar de la manera más eficiente.
Jaume, detrás de su apariencia de señor mayor de pueblo que no se quería jubilar porque amaba su profesión, escondía una mente privilegiada, un acervo cultural impresionante y una conversación amena y divertida de la que siempre sacabas algo y en la que no sabías si se hacía el tonto o se reía de ti, algo que le encantaba, baste con decir que fue él quien me puso el apodo de "Júnior". Jaume era el director modelo que defendía a sus profesores, adoraba a sus alumnos y disfrutaba de hablar con las entidades que colaboraban con el centro (desde las familias a la Policía Nacional).
Otro día os seguiré hablando de él y de por qué su recuerdo es para mí siempre un aliciente para continuar adelante, pase lo que pase. Seguro que desde donde esté se ríe con cada una de mis meteduras de pata, y espero que también alabe mis aciertos, puesto que para mí, y creo que para todos mis compañeros, él siempre fue un modelo a seguir y en el cual fijarse para no desmoronarnos a lo largo de la carrera docente, con sus alegrías y sus penas. Jaume fue, sobre todo, un modelo de trabajo bien hecho hasta el fin de sus días.
Así amaneció la barrera del instituto tras la muerte del Director, a quienes los alumnos adoraban.
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